El outsourcing informático: aquí y ahora
En los últimos años, estamos asistiendo a una generalización de la externalización de servicios TI tanto en lo referente a las infraestructuras como a las aplicaciones. El “outsourcing” se ha ido extendiendo por diferentes ámbitos de aplicación. Tradicionalmente, la concentración en las actividades principales del negocio, así como la reducción de costes, eran los principales argumentos que llevaban a las empresas a apostar por la externalización. En la actualidad, a estos motivos hay que añadir otros como el incremento de la complejidad tecnológica, la mejora de la eficiencia global, la dispersión geográfica de los usuarios, etc.
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Esta reorientación de la externalización como instrumento estratégico se basa en la necesidad de las organizaciones de hacerse más ágiles, operativas y flexibles ante un entorno caracterizado por la incertidumbre como variable estructural. No se trata tanto de buscar un diferencial de coste o de servicio como de focalizar la totalidad de los recursos internos de la organización en aquellas tareas que aportan más valor al negocio. La materialización de un acuerdo de este tipo implica un largo proceso de maduración, ya que, en muchos casos, conlleva la transferencia de la propiedad de activos informáticos y en algunos casos, el trasvase de profesionales. Por todo ello, desarrollar un buen plan de comunicación suele ser más que aconsejable y en muchos casos, supone una de las claves del éxito o fracaso. Además, ajustar los contenidos del contrato y definir el alcance del servicio, junto con la confianza mutua, son aspectos a tener en cuenta a la hora de gestionar el proceso de transferencia. De esta manera, un sistema de gestión compartida bien desarrollado, crea una relación de confianza y mutuo compromiso que permite responder con flexibilidad a las situaciones que se planteen.
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