¡Verde que te quiero verde... CPD!
Últimamente han proliferado artículos que nos hablan de las bondades que ofrecen las tecnologías verdes, los centros de proceso de datos ecológicos, ‘green computing’ y términos similares. Por este concepto, se entiende el uso de las tecnologías de la información (TI) cuyo impacto en el medio ambiente es mínimo, ya que tiene en cuenta aspectos tales como la reducción del uso de materiales peligrosos, la utilización de reciclables y la optimización de la eficiencia energética utilizable.
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Por lo general, las empresas y organizaciones medianas o grandes proporcionan los servicios de TI que éstas requieren a través de sus propios CPD o bien externalizan estos servicios a empresas especializadas. La mayor parte de estos centros lleva bastantes años en funcionamiento, lo que explica que, en su momento, su diseño se basara en criterios como el rendimiento, disponibilidad de los datos y seguridad sin tener en cuenta, entre otras cosas, el nivel de emisiones de CO2 y otros gases tóxicos, ni tan siquiera la eficiencia energética ya que, hasta ahora, el coste energético no era responsabilidad del director de tecnología (CIO) o del director del CPD. Pero el peligro del calentamiento global acecha considerablemente y algunos datos hacen que debamos replantearnos el modelo de funcionamiento. Recordemos una conclusión de un estudio de Gartner que ha dado la vuelta al mundo: “Los equipos de TI a nivel mundial son los responsables del 2% de las emisiones de CO2, que es la misma cantidad que emite el conjunto de las empresas aeronáuticas”. Tengamos en cuenta, además, algunos datos que sitúan a nuestro país a la cola de Europa y casi del mundo, ya que España supera en un 49,5% el nivel de emisiones de CO2 permitido por el protocolo de Kyoto, a pesar de pertenecer al club de los 36 países industrializados que suscribieron el acuerdo. Según normativas comunitarias en materias medioambientales y energéticas publicadas (pero todavía no formalizadas), este año por la Comunidad Europea se exigirá a España un aumento de un 42% en la producción de energías renovables. Y es preocupante, ya que según un gran número de encuestas que se han realizado y publicado en diferentes medios de comunicación, más del 50% de los CIO afirman estar sensibilizados con este tema, pero las organizaciones no están dispuestas, por el momento, a pagar un coste adicional por la implementación de soluciones a este tipo.
Cuestión global Otro de los datos ofrecidos por la consultora Gartner denuncia que “muchas organizaciones presumen de ser verdes, pero en realidad lo que intentan es ahorrar energía y, por lo tanto, dinero. Y el interés que demuestran acerca de la reducción de emisiones CO2 se limita a lo que pueden ahorrar en energía”. Una mejora sustancial en este aspecto podría ser la labor que los gobiernos puedan realizar para minimizar el sobrecoste que actualmente ofrecen las energías alternativas. Por otro lado, en cuanto a la eficiencia energética hay medidas que las empresas sí están dispuestas asumir e invertir ya que, obviamente, supone una ventaja en la reducción de costes produciendo, indirectamente, una reducción de gases de efecto invernadero. Se trate, pues, de una tendencia ecológica, o por presión de las legislaciones nacionales e internacionales derivadas del Protocolo de Kyoto o, incluso de una estrategia de marketing, las empresas y organizaciones pretenden convertirse en verdes construyendo un modelo energético sostenible, entendiendo por tal el aprovechamiento de todas las oportunidades de ahorro energético de un CPD, desde el más pequeño microprocesador de un servidor a los más grandes sistemas acondicionadores de aire.
Paso a paso Parece obvia la necesidad actual de las empresas de ser capaces de medir los consumos energéticos en todos y cada uno de los componentes del CPD (servidores, racks, almacenamiento, etc.) y, como consecuencia, establecer las correcciones y medidas adecuadas para conseguir la eficiencia energética entre la energía utilizada para el funcionamiento de los sistemas TI y la energía total suministrada al mismo. Por ello, lo primero que debería preguntarse una organización es cómo se distribuye el consumo energético en su CPD. Estudios realizados sobre este tema a nivel mundial dicen que entre un 23 y 54% del consumo corresponde a la refrigeración; entre un 6-13% a los sistemas complementarios (sistemas electrógenos, sistemas de alimentación ininterrumpida...); un 1-2% a iluminación y entre un 38-63% se debe a los sistemas e infraestructuras.
Inicitivas de medición Una de las organizaciones sin ánimo de lucro más activas en este tema es el Green Grid, propone una métrica, que se está convirtiendo en estándar para la medición de esta eficiencia. Se trata de dos parámetros distintos y de dos formas equivalentes de medición: PUE (Power Usage Effectiveness) y el DDCiE (Data Center Infrastructure Efficiency). El PUE representa la potencia total consumida por las instalaciones dividida por la potencia consumida por el equipamiento TI. Un PUE de 2 significa que el 50% del consumo energético del CPD corresponde al equipamiento TI y el otro 50% está destinado a la alimentación de otros recursos complementarios y sistemas de refrigeración. Por su parte, el DDCiE representa el cociente entre la potencia de equipamiento TI x 100 y dividido por el total de potencia entregado al CPD. El resultado es un porcentaje que cuanto mayor sea su valor más eficiencia energética representa. Así, por ejemplo, un DDCiE del 50% es equivalente a un PUE de valor de 2. Por tanto las medias de emisión de CO2 y los valores de la eficiencia energética resultan claves a la hora de medir el concepto “verde” de un CPD.
Un ecosistema llamado CPD Si entendemos que un CPD está formado por una serie de componentes que constituyen su propio ecosistema, de nada serviría disponer de modernos y eficaces transformadores de energía y sistemas de refrigeración si no se tuviera en cuenta cómo reducir sustancialmente el consumo energético en el propio equipamiento TI responsable, aproximadamente, del 50% de la energía consumida. El siguiente paso que debería dar nuestra organización es definir correctamente la arquitectura de los sistemas y la gestión de los datos para que puedan contribuir eficazmente a la reducción de energía de los CPD. En este sentido, la virtualización de las infraestructuras tecnológicas (servidores, comunicaciones, sistemas de almacenamiento y puestos de trabajo) es una opción clave en la apuesta por ser “verde”. La virtualización crea, en paralelo al mundo real (servidores físicos, sistemas variopintos de almacenamiento de datos, dispositivos de comunicaciones, etc), otro ficticio (virtual) más intuitivo y sencillo, capaz de proporcionar los servicios tecnológicos a las organizaciones con una gestión mucho más ágil gracias a una “capa” de software (solución de virtualización) que después traslada al mundo real. Una de las consecuencias de la virtualización es la reducción drástica del número de unidades del parque de servidores de una organización, con todo el ahorro en mantenimiento, costes de energía y reducción de la emisión de gases tóxicos que ello conlleva. La virtualización de servidores ofrece la capacidad de crear máquinas virtuales, con las mismas prestaciones que las físicas, compartiendo el mismo hardware físico. En entornos de servidores x86, por ejemplo, se consiguen ratios de consolidación del 10:1 (10 máquinas virtuales en un solo servidor físico o, si se prefiere, dividir por 10 el número actual de servidores físicos del CPD) y con las nuevas tecnologías de microprocesadores será posible conseguir, en breve, duplicar e incluso triplicar el citado ratio de consolidación.
Hacia un almacenamiento ecológico En cuanto al almacenamiento de datos se refiere, la capacidad total de los mismos empleada el pasado año a nivel mundial fue de 255 exabytes y se supone que en 2010 la exigencia de capacidad llegará a más de 900 exabytes, equivalente a unos ¡988.000 millones de gigabytes! ¿Será posible conseguirla? La tecnología está evolucionando a pasos agigantados para compensar de alguna forma las increíbles necesidades de capacidad de almacenamiento de datos prevista. Un punto de partida que nos ofrecen los fabricantes de sistemas de almacenamiento es la consolidación centralizada del mismo en redes SAN y NAS que nos aportan una base de partida importantísima para su gestión y ahorro de espacio y energía. El siguiente paso sería el almacenamiento jerarquizado o por niveles, que permite establecer clases de infraestructuras de forma que la información útil y crítica para la organización, en un momento dado, esté ubicada en sistemas de almacenamiento de alto rendimiento y de coste elevado, y la información menos importante esté almacenada en sistemas de menor rendimiento con un coste muy inferior. Otro tema clave para el ahorro de espacio en disco es la “de-duplicación” de los datos almacenados que, como su nombre indica, se trata de la eliminación de datos repetidos en disco. Es sorprendente pensar que, por este concepto, se puede llegar a reducir hasta un 30% el almacenamiento de datos total. La virtualización del puesto de trabajo es otro ejemplo más de ahorro energético por la utilización de dispositivos energéticamente más livianos (thin client), en lugar de los PC físicos tradicionales, además de otras importantes ventajas desde el punto de vista de la gestión.
Es beneficioso Por todo lo citado, resulta una ventaja destacable y práctica para las empresas el ahorro de coste de la energía como consecuencia de la importante reducción del consumo energético. Y lo más importante es que estas iniciativas favorecen el cuidado del medio ambiente y frenan el calentamiento global. También habría que considerar el valor de la imagen que la organización ofrecería de respeto a la naturaleza incluso garantizado, si se requiere, con el ‘sello verde’ de la certificación oportuna. La ventaja más inmediata para las organizaciones a la hora de tomar la decisión de ser ‘verdes’ es la satisfacción del cliente que pueda tener sensibilidad y respeto al medio ambiente. Para aquéllos que tienen externalizados los servicios pero adoptan una sensibilidad y una filosofía en la dirección previamente expuesta, pueden satisfacer sus deseos exigiendo al proveedor estos servicios, como condición sine qua non, su conversión a verde. |
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