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El olor de Ibermática, por Darío Sirerol

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El origen conceptual del olor corporativo de Ibermática proviene del logotipo que representa su identidad visual: la trainera, embarcación  construida exclusivamente con maderas  de árboles de muy diferentes procedencias.

En la naturaleza el árbol es el ser vivo con ejemplares más grandes, el que más años vive y en el que se encuentran más formas de vida. El árbol es símbolo de perpetuidad y sabiduría. Los antiguos de casi todos los pueblos se han reunido bajo su sombra protectora para tomar grandes decisiones. Del árbol nació también el fuego para calentarnos y sentados alrededor de este fuego humanizado inventamos el espacio doméstico por excelencia,  la cocina.

El olor corporativo de Ibermática contiene sustancias naturales de los cinco continentes,  como las esencias de madera de Cedro del Atlas, de Cedro de China, de Cedro de  Virginia y de Sándalo de India. También gomorresinas del árbol  Elemí de Manila y de  Mirra de Somalia; goma de la planta de Gálbano de Irán, hojas de Pachuli de Sumatra y de Pino de Siberia y líquenes de  roble llamado Musgo de Encina, de Francia.

El punto de exquisitez lo da una flor,  también procedente de un árbol, árbol que abunda en el norte de nuestro país, el Magnolio. La flor es la Magnolia y su esencia natural se produce en China.

Presentamos el olor corporativo a través de un innovador sistema, un pequeño objeto que se posee, el olor puede estar en nuestra mano.

No es un frasco que hay que abrir o pulverizar y perseguir el olor por el aire hasta que se extinga; es un sistema de presentación de olores que mantiene la composición olorosa completa durante un largo período de tiempo, que no permite vertidos y que usa un sistema prácticamente estanco de cierre sin la manipulación específica convencional para el tapado.

De este modo tenemos la imagen corporativa olorosa con un poder de representación semejante al de la imagen visual.

Este nuevo contenedor es metálico y al tenerlo entre los dedos se calienta y aumenta la presión de vapor en su interior, aumentando así tambien la intensidad de olor en el exterior. Al dejarlo se enfría y  casi deja de respirar…, podríamos decir que tiene vida propia.

Cuando al paso del tiempo languidezca su aroma, quedará una materia hecha a nuestro tacto que nos recordará vivencias asociadas a un olor, el de Ibermática, que permanecerán para siempre en nuestro interior, ya que olfato es el sentido con mayor capacidad para evocar recuerdos lejanos y el que más  nos enriquece  con menos esfuerzo.

Podemos cerrar los ojos…, tapar los oídos…, cerrar la boca…, no tocar…, pero no podemos dejar de respirar. Siempre olemos.

 
Darío Sirerol
Químico y diseñador de olores
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