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Jueves, 9 de Febrero de 2012
Herramientas Personales

Jules Goddard: “Cuando nos sentimos capaces, seguros y apoyados, podemos hacer cosas extraordinarias”

Jules Goddard es uno de los profesionales que goza de un mayor prestigio en el ámbito de la estrategia empresarial y el liderazgo corporativo. Es, además, un firme defensor de la gestión por equipos, ya que “obtienen mejores resultados de las personas”, sobre todo en las grandes empresas, “porque les autorizan a decir lo que piensan y a asumir mayores riesgos personales en sus decisiones y acciones”. Para él, una de las mejores técnicas para liberar mayor iniciativa personal sería dar a dos directivos la posibilidad de combinar sus trabajos y de compartir la responsabilidad de ambas tareas a la vez. “El efecto que conseguiríamos en cada uno de ellos sería animar al otro a tomar las decisiones que había querido siempre pero que pensaba eran demasiado arriesgadas. Este método mejoraría radicalmente el poder de cualquier persona de la empresa con un solo movimiento”, afirma.

Abril, 2009

 
El Perfil:
 
Jules Goddard, inglés, casado y con cuatro hijos, es profesor, escritor y consultor en las áreas de creatividad empresarial, pensamiento estratégico, liderazgo y transformación corporativa. Está considerado como un gurú de la gestión empresarial, y ha diseñado y dirigido programas de desarrollo para ejecutivos de destacadas compañías como BP, ICL-Fujitsu, Rolls-Royce, Orange, Prudential, Ericsson, BG Group, Mars, Danone o Volvo. Durante los últimos diez años ha trabajado con un tercio de las cien empresas que figuran en el FTSE (Financial Times Stock Exchange). Asesor especialista en temas estratégicos a los que se enfrentan las empresas de servicios profesionales, ha colaborado además con Freshfields Bruckhaus Deringer, Smith System Engineering, Braxton, Banque Paribas, PricewaterhouseCoopers, Deloitte, SHL o Credit Suisse, entre otras.
 

Actualmente es profesor del Centre for Management Development e investigador del Management Innovation Lab de la London Business School, junto con Gary Hamel. Es también profesor de INSEAD. El objetivo del Management Innovation Lab es experimentar, junto con clientes seleccionados, formas radicalmente diferentes e innovadoras de gestión del talento y de organización del trabajo. Sus artículos más recientes tratan sobre la implantación de la estrategia, la arquitectura de las competencias clave, la gestión de marcas y la historia intelectual del marketing. 

 
¿Cuál es su teoría sobre cómo deberían gestionarse las empresas?
 
En mi opinión, vivimos en un mundo con exceso de gobierno, de regulación y de gestión. Nos sentimos asustados de la vida y nos da miedo dar mayor autonomía y libertad a las personas, tanto si se trata de ciudadanos como de empleados. D.H. Lawrence, el novelista inglés, solía describir este tipo de paranoia como “estar en un estado de miedo constante”. Creo que, en la mayoría de las empresas, existen demasiados directivos, especialmente directivos que no hacen otra cosa más que gestionar a otros directivos. Si preguntamos a los empleados de una gran compañía, tal y como yo suelo hacer a menudo, en qué medida sus jefes añaden valor a lo que ellos hacen, les resulta una pregunta muy difícil de responder. La mayoría pensamos que haríamos nuestro trabajo igual de bien, incluso mejor, si no nos gestionasen. Uno de los problemas es que la teoría de la gestión, que generalmente se define como “la habilidad por la que un grupo de personas obtiene mejores resultados que otro grupo de personas”, la han desarrollado personas que se ven a sí mismas en el papel de directivos y no en el de personas gestionadas. Si la teoría y el método de gestión hubiesen sido creados por los “receptores” de la gestión, ésta sería muy distinta, y daría una mejor idea de cómo las empresas deben gestionarse. En otras palabras, definiría el papel del jefe como “el que hace sentirse bien consigo mismo al que le rodea”. Cuando nos sentimos capaces, seguros y apoyados, podemos hacer cosas extraordinarias. Pero habitualmente a los directivos no se les mide por su habilidad para crear un ambiente positivo. Es más probable que se les valore como controladores que como catalizadores.
 
¿Esta teoría sirve igual para una multinacional que para una Pyme o para empresas de diferentes sectores?
 
Según mi experiencia, en las empresas grandes se produce una mayor burocracia, por lo que son más probables los problemas de un exceso de gestión. Pero las pequeñas tampoco son inmunes a los riesgos de la jerarquía y la burocracia. Eso sí, en una empresa pequeña es más probable que todos conozcan al director general, se encuentren con los propietarios, hablen con los clientes más importantes, y puedan ver sus aportaciones en todo el proceso. Así, una conversación natural puede conseguir lo mismo que los sistemas de gestión y procesos diseñados para ello en una mayor organización. Pero el tamaño nunca es una excusa para construir una organización en la que se trate a los empleados como factores de producción (como el capital, la tierra o el trabajo) o como recursos humanos (en lugar de como seres humanos).
 
Usted ha puesto en entredicho las prácticas que acompañan a los seis pilares fundamentales de la gestión tradicional, ¿cuáles son las tendencias que emergen en cuanto a métodos organizativos y modelos de gestión?
 
A diferencia de nuestro modelo de negocio, nuestro modelo de gestión apenas ha cambiado durante 130 años. No nos debe extrañar que tantos empleados no estén conformes con la manera en que se les gestiona y dirige. Demasiadas personas cualificadas se sienten desmotivadas, sin inspiración, desconfiadas y sin apoyo en su trabajo. Las empresas progresistas están encontrando interesantes vías para reinventar el arte de la gestión y el liderazgo con el fin de adecuarse a la nueva generación de empleados. Entre estos nuevos métodos están: unos niveles de confianza mucho mayores, un uso más intensivo de equipos y proyectos, y mayores oportunidades para participar en el establecimiento de la dirección estratégica del negocio. Algunos de los mecanismos estructurales clave que se utilizan en este “movimiento de liberación” incluyen mercados internos, derechos democráticos y un proceso justo.
 
¿Cuál es la salud actual de la gestión en las compañías? ¿Cree que de haberse realizado ésta de otra forma se podría haber minimizado la crisis?
 
Pienso que se puede construir una explicación muy creíble para la crisis crediticia en términos de un modelo de gestión obsoleto. He observado que los bancos que han tenido más dificultades han sido aquellos que estaban liderados de forma autocrática, habitualmente por una prima donna que ha perdido la capacidad de escuchar a otros, de abordar un debate abierto y de pedir puntos de vista alternativos; mientras que los bancos que parecían estar relativamente libres de estos problemas estaban liderados de forma más abierta y democrática. Sin embargo, estoy seguro de que empresas de todo el mundo están experimentando con nuevos métodos para gestionar el talento y organizar el trabajo.
 
Las empresas están teniendo verdaderos problemas para atraer hacia ellas talento. ¿Por dónde pasa la solución?
 
En primer lugar, es importante reconocer que las empresas que mejores resultados obtienen no deben su éxito a disponer del mejor talento en su sector. No existen evidencias de que las mejores compañías tengan a la mejor gente. Lo que sí tienen es una cultura organizativa en la que la gente buena puede hacer un gran trabajo. A veces se ha dicho que gente corriente en organizaciones extraordinarias siempre obtendrán mejores resultados que gente extraordinaria en organizaciones corrientes. Así, hasta cierto punto, el reto de los líderes empresariales de hoy en día radica más en construir una cultura organizativa eficaz que en seleccionar a los mejores talentos. El viejo modelo, que se basa en unos niveles de jerarquía y burocracia excesivos, no es probable que atraiga, ni tan siquiera inspire, a la nueva generación de profesionales.
 
¿Partimos de las ideas correctas para emprender la difícil tarea de innovar?
 
Un punto de partida para la innovación es basarse en la aplicación de nuevos conocimientos científicos. Pero a pesar de lo valioso que es esto, el punto de partida más común, menos arriesgado y más productivo para la innovación es simplemente observar el mundo que nos rodea. Los emprendedores tienen una habilidad particular para reconocer los momentos de sorpresa cuando el mundo responde de una forma poco común o imprevista. Es el mundo el que nos dice que nuestras teorías son equivocadas y nos anima a reestructurar nuestro saber para tener en cuenta estos nuevos datos. Los emprendedores se rigen por la curiosidad. Examinan el mundo constantemente buscando datos recientes y las ideas que acompañan al deseo de dar sentido a estos datos. Asimismo, es importante reconocer que nadie tiene un monopolio de ideas innovadoras. Las ideas rompedoras pueden surgir a cualquier nivel y en cualquier función del negocio. A menudo, en los momentos de crisis o de desastre inminente es cuando somos más imaginativos. La necesidad es la madre de la inventiva.
 
¿Qué papel juegan el azar y la improvisación en los procesos de creatividad o innovación?
 
La suerte es fundamental para el éxito. Sólo los arrogantes sostienen que su éxito se debe en su totalidad a su propio esfuerzo y capacidad. Pero, hasta cierto punto, nosotros nos buscamos nuestra suerte. Y lo hacemos situándonos en el camino de obtener la máxima experiencia posible. El ansia por tener una amplia variedad de experiencias de todo tipo es la fuente de la innovación. Estar sentado detrás de una mesa intentando pensar en ideas no es tan productivo como visitar lugares insólitos, estar con gente excepcional y cultivar intereses poco comunes. Las buenas empresas animan a sus empleados a emprender nuevas aficiones y a desarrollar nuevas habilidades. Una compañía en Inglaterra dio el viernes libre a todos sus empleados durante un año, a cambio de que asumieran la responsabilidad de desarrollar una nueva área de capacidad. No sólo se consiguió tener trabajadores más motivados y comprometidos, sino que en la semana de 4 días sus resultados excedieron los conseguidos en el formato de semana de 5 días anterior.
 
¿Hasta qué punto es importante la parte emocional a la hora de gestionar empresas?
 
Las emociones son tan importantes en el trabajo como en casa. Todavía existe una tendencia en las empresas de hoy en día que anima a sus empleados a “dejar sus emociones en la puerta” cuando llegan a trabajar. Esto es una locura. Sin una comunicación emocional interpersonal el trabajo se convierte en una tarea monótona, inhumana y monodimensional. A veces se ha dicho, y yo pienso exactamente igual, que en los negocios la personalidad supera a la mente. Los que obtienen éxito en los negocios deben su éxito tanto, o más, a su inteligencia emocional y a la calidad de sus relaciones humanas, que a su intelecto. Los líderes comprenden el papel de la emoción a la hora de “ganar corazones y mentes” cuando se persiguen objetivos ambiciosos.
 
¿Cómo afecta la globalización a la gestión de las compañías?
 
Para una compañía, la globalización del negocio hace que le sea más fácil seleccionar y desarrollar una gama más diversa de habilidades, actitudes y talentos en sus trabajadores. La innovación depende en gran medida de diferentes perspectivas y experiencias. Los equipos que atraviesan cualquier frontera (funcional, geográfica, étnica…) son habitualmente más creativos y productivos. Los negocios globales también tienen mayores oportunidades para desplazar a sus empleados por estas fronteras, de modo que sus vidas se enriquecen y el talento se expande.
 
¿Cómo cree que se gestionarán las empresas dentro de cien años?
 
Dentro de cien años, imagino que las empresas, organizaciones, equipos y personas confiarán más en la autogestión. Los equipos autodirigidos ya se han convertido en un fenómeno bastante familiar en las plantas de muchos negocios de fabricación. Ya es hora de que la autogestión sea más común entre los mandos intermedios de un negocio. La autogestión hace hincapié en la colaboración y la confianza entre iguales y en una reducción del poder de control ejercido a través de la jerarquía. Las organizaciones se están haciendo menos “verticales” y más “horizontales”.
 
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