Salvador
López. Empresario
polifacético
Empresario,
profesor, escritor, músico, conferenciante, locutor… ¿Con cuál de estas
facetas se queda?
Me
quedo con el conjunto, porque la combinación de todas ellas hace que
sea mejor en cada una de ellas. El que mucho abarca… mucho
aprende.
¿De
dónde saca las horas para llegar a todo? ¿Cómo las
gestiona?
No soy
ningún workaholic, en absoluto. En realidad soy un
learnaholic. El día es muy largo cuando no se dedican ocho horas
(o diez, o catorce…) a la misma actividad. Ninguna de mis muchas
actividades me requiere dedicación permanente, así que todas me encajan
en la agenda. A veces me tomo un desayuno como un marqués y a veces
estoy a las 3 de la mañana preparando una conferencia o una clase en
inglés para un master. Incluso tengo tiempo para salir a correr algunas
mañanas (esta mañana 10km…), para llevar a mis hijos al cole y
volverlos a buscar, etcétera. Sencillamente organizo mi tiempo de otra
manera. No me ciño a ningún horario. Tal vez me encuentre corriendo por
la playa a las 10 de la mañana, y trabajando en mi despacho a las 12 de
la noche, incluso sábados y domingos. Es la flexibilidad total. La
clave en mi caso es que toda esa variedad y flexibilidad es un
escenario perfecto para mi propia digestión creativa. Si estuviera
siempre haciendo lo mismo, dentro de un horario y una oficina, no sería
feliz. Mi mente y mi espíritu necesitan variedad y
diversidad.
Habla
del rock como nueva fuente de conocimiento en el ámbito empresarial.
¿Qué ha descubierto en él para hacer esta
afirmación?
Todos
los valores y habilidades que las organizaciones buscan y necesitan:
liderazgo, trabajo en equipo, creatividad, innovación, adaptación al
cambio, reinvención, orientación al mercado… y también su propia y
original manera de ver las cosas. Los músicos crean equipos de trabajo
de alto rendimiento, son emprendedores natos y algunos llegan a ser
multinacionales. En su ámbito cultivan habilidades que se necesitan en
otros ámbitos sociales, como el empresarial. Sus circuitos mentales
están cableados de manera distinta, generan ideas originales y
valiosas, tienen la capacidad de encontrar soluciones distintas a los
mismos problemas. Ni ellos mismos son conscientes del valor de sus
propias habilidades. Cuando yo se lo señalo sus caras se iluminan
porque comprenden que lo que hacen de manera natural tiene un gran
valor social, más allá de los valores estéticos intrínsecos a la
música. Muchos me piden papel y lápiz para apuntar conceptos e ideas
que surgen en nuestra conversación y que les han sorprendido. Me
encanta hablar con ellos (bueno, aunque yo también soy uno de
ellos…).
¿Cuándo
habla de conversación se refiere también a colaboración
profesional?
Sí.
Hace un par de días entrevisté a Guillamino, un músico electrónico
barcelonés. Envió un tema suyo a tres dj’s de otros países para que lo
re-trabajaran a ver lo que salía. Con el resultado ha publicado un EP.
Ese concepto es interesantísimo, se llama re-work. ¿Se imagina
si las empresas se atrevieran a hacer lo mismo? Enviar un producto a
otras empresas a ver qué se les ocurría hacer con él, cómo mejorarlo,
cómo repensarlo… el mercado ganaría, el usuario ganaría, ellas también
ganarían. Estamos hablando de una competición más colaborativa, menos
cerrada. Algo así como la open innovation. Los músicos lo hacen
desde hace muchos años. Ya ve, y sólo le he hablado de un músico… y hay
miles de casos!!. Son verdaderamente una fuente de
conocimiento.
¿Qué
puede aprender de la música una empresa a la hora de dar un impulso a
la innovación?
Puede
aprender nuevas estrategias para innovar. He reunido en un libro todo
eso y muchas otras cosas, y lo he titulado ROCKvolución
Empresarial. Hay un capítulo entero sobre las estrategias que han
usado los músicos para innovar. Una de ellas, por ejemplo, es
sencillamente mezclar cosas. Lo hicieron los grandes Genesis, la banda
Black Sabbath, e incluso Michael Jackson. Mezclar cosas es una gran
fuente de nuevas emociones para el público (el mercado). Cuando se
habla de que algo es “el último grito” o “la sensación del momento” se
está hablando de que alguien ha creado una nueva emoción a través de un
producto, un servicio o una tendencia. Se grita al experimentar una
nueva emoción (de ahí lo del último grito, es decir, la última emoción
disponible para el que la quiera experimentar). Pero aparte de mezclar
cosas, los músicos tienen otras estrategias para generar innovación. El
mundo de la música es (inexplicablemente para mí) una fuente de
conocimiento inexplorada. Pero ahí estoy yo haciendo los mapas de ese
territorio virgen. Yo puedo hacerlo porque camino simultáneamente por
ambos mundos, música y empresa, y también estoy en el campo docente. La
combinación de todo me lleva a ver con claridad esos aprendizajes de
los que hablo en el libro.
Usted
afirma que una organización puede aprender mucho de los músicos. ¿Qué
puede aprender, por ejemplo, de Paco de
Lucía?
A salir
de la zona de confort (cuyo nombre debería cambiarse por el de zona de
aburrimiento). La zona de confort es el reducto que nos construimos
para nuestra comodidad. Sin embargo la comodidad lleva al
acomodamiento. Si siempre nos quedamos en nuestra zona de seguridad (de
aburrimiento, insisto) nunca brillaremos, no aportaremos nada nuevo ni
de gran valor, nadie nos felicitará, no haremos fortuna. Fuera de esa
zona de aburrimiento está la zona donde crecemos (como personas y como
profesionales) porque nos enfrentamos a lo desconocido. Es una zona
donde se producen los mejores aprendizajes, donde se rompen barreras,
se progresa, se alcanza el éxito y el reconocimiento, y sobretodo es
donde está la diversión. Yo llamo a esa zona la “zona de diversión” y
es por algo.
Paco de
Lucía salió de su zona de confort cuando giró con Al Di Meola y John
McLaughlin (músicos de jazz). Le costó porque era un ámbito musical
extraño para él, tuvo que aprender nuevas escalas y acordes, nuevas
armonías. Al acabar la gira se había convertido en un mejor músico (y
por lo tanto un mejor guitarrista en su ámbito). Había progresado,
había aprendido, había crecido. Se hizo aún más grande. Es el resultado
de darse un paseo por la zona de diversión y salir de la zona de
aburrimiento. Siempre es así. Dicho de un modo más terrenal: en la vida
hay que mojarse. Estamos aquí para aprender, y para aprender hay que
experimentar, hay que involucrarse, hay que arriesgarse, hay que
mojarse.
También
asegura que Bruce Springsteen es un líder de referencia. ¿Cuáles son
sus cualidades?
Bruce
es un líder resonante. Desprende magnetismo, honestidad, proximidad,
autenticidad. No solamente lidera a su banda, sino que también lidera
al público que va a verle. Es el súmmum del liderazgo. Todos los demás
músicos quieren tocar con Bruce, aunque sea una canción solamente. Esto
puede verse claramente en el concierto del 25 aniversario del
Rock’n’Roll Hall of Fame de 2009. Bruce comparte escenario con un
montón de otras grandes figuras que suben a tocar con él. Gran parte de
ese concierto pivota alrededor de su persona. Es un líder
natural.
Hay
personas entre nosotros que tienen esa cualidad. Desprenden ese
magnetismo, los demás les seguimos, vibramos en su misma frecuencia
cuando él está. Las organizaciones deben identificar a esas personas y
generar un ambiente propicio para que puedan desarrollar su liderazgo.
Ése es un liderazgo positivo. Hay que rechazar a los que ejercen un
liderazgo basado en los galones, en la fuerza o el
miedo.
¿Cómo
se convierte a un cliente en un fan?
Estableciendo
un lazo emocional y duradero con él. Para ello hay que tener en cuenta
sus emociones. Lo que va a sentir cuando trate con nosotros o cuando
utilice nuestros productos o nuestros servicios. Tratemos a las
personas como personas, no como a “el mercado”, tengamos en cuenta sus
emociones y démosles cariño. Inevitablemente se acabarán convirtiendo
en nuestros fans.
¿Qué
debe hacer un músico nuevo para alcanzar el éxito sin tener detrás un
gran apoyo de mercadotecnia? ¿Cómo se aplica eso a un emprendedor a una
pequeña Pyme?
Hoy en
día los músicos tienen algo que no tenían hace 20 años: Internet. Hay
músicos que han sabido utilizar el poder de las redes sociales para
darse a conocer. Justin Bieber o Lady Gaga son sólo un ejemplo de ello.
El mercado de la música se ha masificado totalmente. Antes sólo unas
pocas bandas podían llegar a grabar su música porque la tecnología para
ello era carísima y pasar una hora en un estudio de grabación era
prohibitivo. Pero hoy en día cualquiera puede hacer música con una
calidad mínimamente aceptable con un ordenador y unos micrófonos.
Conozco a un músico (Josué Febles) que ha grabado y producido un CD
enterito (atención al dato) con un solo micrófono, y debo decir que el
resultado es impresionante. Por supuesto si no tienes un buen producto
y no le pones corazón mejor dedícate a otra cosa, por mucho que haya
redes sociales a tu disposición. Los músicos y los emprendedores son en
realidad la misma cosa. Igual que Apple nació en un garaje y Google en
otro, hay millones de bandas que han nacido en garajes también,
empezando por los Beatles, los Rolling Stones o los Coldplay. Lo que
les une es lo mismo: una energía llamada entusiasmo. Armado con
entusiasmo cualquiera puede ser imparable. Si al entusiasmo le sumas
algo de estrategia y criterio y por supuesto también el factor suerte,
la combinación te puede llevar al éxito.
Pero
no es fácil mantener ese entusiasmo en el
tiempo…
Efectivamente,
lo que pasa con los emprendedores y las Pymes es que suelen empezar
llevados por una visión que les infunde entusiasmo, pero pronto son
consumidos por las diferentes crisis que acechan al desarrollo de las
empresas: primero de liderazgo, luego de coordinación, luego la
burocrática, etc… Muchos emprendedores que logran sobrevivir se ven al
cabo de unos años al frente de compañías que absorben su entusiasmo
porque deben atender un montón de cuestiones que están muy lejos de la
visión que les infundía aquel entusiasmo. Ahora tienen que enfrentarse
a temas financieros, a temas de personal, de logística, etc. Eso acaba
cansando a cualquiera. Es el síndrome del emprendedor convertido en
director general. Cuando una persona está en esa situación, debería
pensar en contratar a un director general profesional y dedicarse de
nuevo a aquello que inició la compañía, a la visión que le generaba
aquél entusiasmo. Seguro que todos saldrán ganando (empezando por él
mismo, claro).
¿Cómo
se puede motivar y entusiasmar a un empleado?
Empezando
por abandonar los modelos de gestión del talento habituales, que son
intelectuales y tratan de ponerles a todos en la misma media en cuanto
a habilidades se refiere. Si un empleado está flojo en capacidad de
negociación se le ofrecerá un curso de técnicas de negociación. Al
acabar tendremos un empleado mediocre, que ha hecho un curso que tal
vez no le interesaba para nada. He participado en varios de esos
programas de gestión del talento como empleado, y creo que sería mejor
tratar de gestionar el entusiasmo de los empleados, en lugar de su
talento. El talento es solamente una potencialidad. Un empleado puede
tener mucho talento, pero si no le entusiasma el proyecto no aportará
el máximo valor que podría. En cambio el entusiasmo es pura energía.
Debemos empezar por identificar las habilidades naturales de cada
persona, y en lugar de tratar de transformarlas las organizaciones
deberían ser capaces de proporcionar a las personas un entorno donde
pudieran brillar, donde pudieran desarrollar al máximo sus habilidades
naturales. Así es como podrán aportar el máximo valor a las
organizaciones, y además estar motivadas, ser reconocidas y volver a
casa felices de lo que hacen. Y de ahí sólo se derivan cosas buenas:
fidelidad a la empresa, compromiso, entrega, militancia… Debemos dejar
de pretender que las personas nos comportemos como piezas mecánicas de
un engranaje. Nosotros tenemos alma, es una gran
diferencia.
¿Cuál
es su receta para salir de la crisis?
Soy
músico y por lo tanto mi circuito mental genera razonamientos
alternativos. Más que preguntarnos por “cómo salir de la crisis” (que
lleva implícito el razonamiento infantil de cómo volver atrás) debemos
preguntarnos qué nos enseña esta crisis y lograr que nos lleve a un
lugar mejor, adelante, nunca atrás, porque lo que había antes de la
crisis no era un mundo sostenible y no debemos volver a él. Ahora,
gracias a la crisis podemos aprovechar el momentum para
construir un modelo mejor. Creo que tomárselo en positivo es una buena
manera de comenzar a construir la solución.
Entonces…
¿Qué nos enseña esta crisis?
Que hay
que cambiar los parámetros por los que se mueve este mundo. Estamos
frente a una triple crisis: financiera, de valores y de sostenibilidad.
Debemos reinventarnos completamente. No se trata de adaptarse a los
cambios, sino de generar un cambio y de liderarlo. Necesitamos un mundo
más colaborativo, menos competitivo. Tal como lo manejamos ahora
estamos en lo que se conoce como un “juego de suma cero”, donde lo que
uno gana otro lo pierde. Debemos avanzar hacia un juego de suma
positiva, un win-win, donde todos ganemos colaborando, bajo parámetros
de sostenibilidad y justicia global. Personalmente creo que es una
labor larga y que empieza por la educación de nuestros hijos. Debemos
educarles de un modo que sean capaces de construir un mundo mejor
cuando llegue su momento. Los que ahora estamos en “nuestro momento” lo
tenemos complicado para construirlo porque tenemos un montón de
barreras mentales (y sociales) que nos frenan. Algo que sí podemos
hacer es tratar de identificarlas y romperlas. Por eso hablo de
reinvención.
¿Considera el
teletrabajo una forma viable de trabajar?
Para un
minero no, para un mecánico tampoco, para un zapatero tampoco. Pero
existen muchas profesiones, las de cuello blanco mayormente, que allí
donde haya una línea WIFI o ADSL donde conectar un portátil y cobertura
para el teléfono móvil está tu oficina. Pensémoslo sólo un momento. No
necesitamos vernos todos los días en el mismo sitio entre nosotros. Eso
es agotador física y mentalmente. En la mayoría de oficinas se trabaja
en espacios abiertos donde no hay silencio ni capacidad de
concentración. También generamos un enorme problema de movilidad urbana
y de contaminación, además de un problema gigantesco de conciliación
familiar. La generación de nuestros padres está viéndose obligada a
cuidar a sus nietos, mientras sus hijos hacen horarios extralargos, de
los cuales los desplazamientos se pueden llevar fácilmente un par de
horas al día, horas que nos pasamos conduciendo o sentados en el
transporte público, algo totalmente improductivo (salvo que en el
transporte público aprovechamos para leer, algo que falta en este
país).
¿Los
músicos teletrabajan?
Los
músicos han aprendido a teletrabajar entre ellos cuando la distancia
era un impedimento. Hasta los Beatles se compraron máquinas
reproductoras y grabadoras para poder trabajar en sus casas sin tener
que desplazarse siempre a los estudios de la EMI en Abbey Road. Estoy
hablando de hace casi 50 años. Muchos músicos aprovechan las nuevas
tecnologías para trabajar con otros músicos que están en otros países o
incluso al otro lado del mar. Se han grabado muchos discos así aunque
pocos son conscientes de ello. La distancia relaja el ánimo, disminuye
los conflictos y hace que cuando nos veamos apreciemos mejor el
momento. Vernos todos los días nos cansa y nos irrita. Hace poco leía
una entrevista que le hicieron a Joaquín Sabina y decía que él y Serrat
componen a través de Skype. Si eso le sorprende reflexione y piense que
estamos en 2011 y no debería estar sorprendido.
Estoy
seguro de que dentro de 20 años recordaremos el pasado (que es nuestro
presente) y nos parecerá increíblemente absurda la forma en que vivimos
hoy en día (sin teletrabajar). Por favor, dentro de 20 años vuelvan a
entrevistarme y así podré decirles aquello de “se lo
dije”…
¿Por
dónde pasa la competitividad de las empresas en el
futuro?
Creo
que ahora debemos preguntarnos por lo que deben hacer las empresas
europeas, porque las potencias emergentes asiáticas se nos echan
encima. Nuestras empresas deben apostar por la mejora continua y por la
innovación, deben adoptar una mentalidad abierta (basta ya de corbatas,
por favor, estamos en el siglo XXI), deben aprender a reinventarse.
Debemos preguntarnos en qué podemos competir que no sea copiable.
Debemos orientarnos al mercado, y abandonar la orientación al producto
que nos ha tenido hipnotizados durante un siglo. Ese tipo de cosas no
son tan fácilmente copiables, nos darán un balón de oxígeno durante
unos años, al menos.
Parece
que las empresas están convencidas de que tienen que estar en las redes
sociales, pero no tienen muy claro como hacerlo. ¿Cuál es su
consejo?
Que
entiendan primero lo que significa estar en las redes sociales. No
significa “un nuevo canal para comunicar lo que queremos”, sino el
canal para conversar con las personas que apuestan por nuestros
productos, servicios y marcas. Ya sabemos que los mercados ahora son
conversaciones que llevan (o no) a transacciones. Pues bien, las redes
nos ayudan a conversar, pero una conversación no es un monólogo,
debemos escuchar atentamente lo que nos quieran decir. Es un excelente
canal para la co-creación, que lleva a la adopción de productos, y a la
deseada lealtad.
Sorprende
que en sus conferencias en torno a temas empresariales y económicos
utilice su guitarra y cante con ella. ¿Cuál es el
objetivo?
Como
soy músico soy muy consciente del poder del contraste así que en
algunas conferencias aparezco vestido de traje y corbata y luego saco
la guitarra y toco algo de Jimi Hendrix, U2 o Pink Floyd. Yo también
soy emprendedor y directivo, y vestido así les hago ver que soy uno de
ellos. Pero considero que el traje y la corbata son un disfraz, igual
que lo es ponerme una camiseta de Led Zeppelin. La vida es un teatro,
no lo olvidemos, todo lo que nos ponemos nos disfraza de algo. La
reacción del público en mis conferencias siempre es magnífica. A todos
les gusta que les transmitas ideas de un modo original e impactante, y
sin duda eso es fácil cuando sales armado de una guitarra eléctrica. En
ocasiones también toco el piano y la batería, aunque logísticamente eso
es más complicado. Antes se decía que “la letra con sangre entra”, pero
yo creo que en realidad entra mucho mejor con música. Los asistentes
que me escuchan envían al exterior twits de sorpresa y entusiasmo, y
además mis conferencias tienen un impacto evidente en los otros
conferenciantes que van después de mí. La mayoría se arriesgan más, se
mojan más. Creo que no soy sólo un conferenciante, sino también un
dinamizador de congresos. Y eso me gusta porque está en la zona de la
diversión y aprendo lo indecible.
FRASES
DESTACADAS
“No
debemos adaptarnos a los cambios, sino generar un cambio y
liderarlo”
“Necesitamos
un mundo menos competitivo donde todos ganemos
colaborando”
“Más
que preguntarnos cómo salir de la crisis debemos preguntarnos qué nos
enseña esta crisis y lograr que nos lleve a un lugar
mejor”
“Armado
con entusiasmo cualquiera puede ser imparable, sumándole algo de
estrategia, criterio y suerte”
“Sólo
crecemos como personas y como profesionales cuando nos enfrentamos a lo
desconocido”
“Hay
que rechazar a los que ejercen un liderazgo basado en los galones, en
la fuerza o el miedo”