Toti
Martínez de Lezea es vitoriana de nacimiento pero actualmente vive en
el pequeño pueblo vizcaíno de Larrabetzu. Casada, madre de dos hijos y
con una nieta, es una escritora reciente, ya que llegó a este oficio
con casi 50 años, “por vocación y por una apuesta”. Además es
traductora titulada de inglés, francés y alemán. Es una persona
polifacética, tal y como se puede ver por la variedad de oficios que ha
ejercido: entre 1983 y 1992 fundó dos grupos de teatro y se dedicó a la
producción audiovisual escribiendo, dirigiendo y realizando programas
para el departamento de Educación del Gobierno Vasco, además de crear y
dirigir más de 1.000 programas para niños y jóvenes emitidos por ETB.
Trabajó como traductora, guionista de televisión y escritora teatral
antes de dedicarse exclusivamente a la literatura.
Lleva
escritas más de 20 novelas, la mayoría ambientadas en la Edad Media y
el Renacimiento y a las que se puede añadir también otra seña de
identidad: varias de ellas están protagonizadas por mujeres.
Habitualmente colabora con diferentes medios de comunicación escritos y
da charlas en Universidades, asociaciones culturales y centros
educativos.
Comenzó
a escribir por una apuesta. ¿Toma muchas decisiones en su vida por
motivos similares o suele planear más meticulosamente sus
acciones?
No, no
suelo apostar, pero tampoco planeo con detalle mis actuaciones. Me
gustas los retos, probar cosas nuevas, algo que no he hecho y creo que
puedo hacer. De ahí la diversidad de oficios que he ejercido hasta
ahora. Si funciona, bien, y si no, se deja y se intenta otra cosa. ¡Hay
tanto que experimentar! Cuando tomo una decisión no le doy demasiadas
vueltas, probablemente porque, en el fondo, es algo que deseo
hacer.
¿El
éxito ha hecho que cambie en algo su forma de trabajar? ¿Se motiva de
la misma manera?
Tener
éxito en la literatura sólo significa poder vivir de la escritura sin
tener que robarle tiempo al tiempo y, como en cualquier otro oficio,
ello implica trabajo y dedicación para continuar aprendiendo y
mejorando. La motivación existe dentro de uno mismo, es un reto
personal, no externo. Y me encantan los retos, así que sí, sigo igual
de motivada que cuando empecé, hace diez años.
¿Qué
hace para superarse día a día? ¿Encuentra la
necesidad
de
innovar?
Ser yo
misma. Cada libro supone una nueva aventura que emprendo como si fuera
la primera, aunque, lógicamente, ahora tengo más oficio que al
principio. Y si por innovación se entiende el desarrollo de nuevas
ideas, por supuesto que es necesario innovar; yo lo hago al escribir
libros muy diferentes entre sí: novelas históricas, ensayos, novelas
juveniles, novelas infantiles, relatos cortos...
¿Cómo
se puede aplicar la innovación a la literatura?
Desde
el punto de vista de la lengua, no hay mucho que innovar puesto que la
base de la literatura es la palabra y ésta se adapta a los tiempos,
aunque puede haber cierta innovación en los modos de expresión. Sí ha
habido en los últimos años grandes innovaciones en la maquetación y
edición de los libros, en las ilustraciones, presentaciones,
distribución y, desde luego, en las relaciones autor/ editor/lector.
Desde el punto de vista del formato, en Internet pueden descargarse ya
miles de libros y últimamente se habla mucho acerca del libro
electrónico.
¿No
se disipa la independencia creativa al crear a partir de hechos
históricos reales?
La mía
no porque utilizo los hechos históricos de telón de fondo para la
historia que cuento. No me interesa recrear una batalla documentada o
novelar la vida de un personaje histórico conocido, sino crear mis
propios argumentos. Cualquiera de ellos podría situarlo en nuestra
época ya que el elemento principal siempre es el ser humano y éste,
para bien o para mal, sigue actuando de la misma manera que hace
quinientos o dos mil años. Lo que ocurre es que me gusta la Historia,
me gusta estudiarla, y el momento actual lo conozco y es
conocido.
¿Pueden
existir aspectos coincidentes en la innovación en el mundo empresarial
y en el arte de escribir?
Salvadas
las distancias, una debe tener en cuenta que publica para ser leída,
que existe mucha obra editada y que hay que provocar en el
lector-cliente potencial el impulso para que elija tu libro de entre
los cientos expuestos, lo hojee, lea las solapas, el índice, e incluso
inicie la lectura de algún capítulo sin que se le caiga de las manos y
le resulte atractivo como para pasar por caja.
¿Qué
papel juegan el azar y la improvisación en los procesos de creatividad
o innovación?
Son
multitud los ejemplos de casos en los que el azar interviene, pero no
por casualidad. En cualquier profesión, si estás a lo que haces, llegas
a identificarte con lo que sucede a tu alrededor y todo te sugiere, te
habla, te provoca. Si eres uno con lo que haces, estás viviendo la
situación, estás abierto a todo y eliges en cada momento lo que te
parece más natural, sin pensar.
¿Cómo
suele ser su proceso de creación? ¿Planifica al detalle su historia o
surge todo mientras escribe?
Una
vez, en mis comienzos preparé un guión porque pensé que tenía que ser
más científica a la hora de trabajar. Me acordé de él cuando llevaba
media novela escrita, ¡y no coincidían en nada! No planifico mis
historias, no sé lo que va a suceder en ellas ni cómo van a acabar;
quiero que los acontecimientos elegidos y sobre todo los personajes,
cada uno con su propia personalidad definida, me sorprendan. Las creo a
medida que escribo. Lo que sí hago es documentarme muy a fondo sobre
los hechos, la época, el lugar, las costumbres, los modos de vida que
deseo plasmar para así hacerlos creíbles.
¿La
capacidad de innovar se aprende o es algo
innato?
Pienso
que ambos. La Historia demuestra que la humanidad agudiza el ingenio
cuando tiene necesidad, como, por ejemplo, tras una gran tragedia, una
guerra o un terremoto devastador. Esto significa que tenemos la
capacidad de innovar, aunque nos resulte más cómodo amoldarnos a lo que
ya conocemos. El carácter también ayuda porque hay personas que son
incapaces de cambiar su chip mental, sus rituales, y prefieren que
otras tiren del carro. De hecho, los grandes avances en todos los
campos, los descubrimientos, los inventos han sido obra de gentes con
mentes inquietas ¡y muy curiosas!
¿Qué
opina de la aplicación de la tecnología en el campo de la escritura?
¿Usted la utiliza?
Sí,
claro. Hay escritores que se vanaglorian de no utilizar el ordenador,
como si eso fuera un valor añadido a su obra, cuando, en realidad,
sospecho que la razón estriba en que no saben utilizarlo. Además, el
ordenador no escribe solo ¡por ahora! Llevo utilizándolo desde que
apareció, hace ya una pila de años, y también utilizo Internet, los
CDs, el iPod y cualquier otro artefacto que me facilite la
labor.
¿Cómo
afecta la globalización a la literatura?
Digamos
que ahora los nombres de los escritores famosos llegan a más sitios y
mucho antes; los libros ya no son objetos de lujo; las traducciones
permiten leer a autores de otros países y el intercambio cultural es
mucho más amplio que hace unos años. Cierto que tiene sus pegas, como
la creación de los emporios editoriales, el marketing salvaje o la fama
de autores que no valen quizá lo que de ellos se airea, pero, antes o
después, las aguas vuelven a su cauce y sólo sobrevive lo que es
genuino. La elección de un libro determinado por un verdadero lector
sigue siendo un acto personal e independiente que nada tiene que ver
con las modas.
A la
hora de escribir, ¿la competencia le hace sentir la presión de tener
que estar a la altura?
No para
nada. Yo a estoy a la altura, a la mía, que es la única que me importa.
En todo caso, mi reto es conmigo misma: no bajar la guardia, no dejarme
encandilar por cantos de sirena, intentar superarme en cada libro. El
día que no lo consiga, me dedicaré a otra cosa. He sido traductora,
guía de turismo, he hecho teatro, cantado, dirigido programas de
televisión, organizado exposiciones, escribo y ¡quién sabe lo que se me
puede ocurrir hacer en un futuro!
¿Cómo
cree que será la literatura dentro de cien
años?
Imagino
que muy parecida a la actual, que es muy parecida a la de hace cien
años. Dejando a un lado la palabrería sobre la excelsitud de la
literatura, los libros son meros transmisores de los pensamientos,
ideas, deseos, frustraciones, penas, alegrías y temores de sus autores;
de todo aquello que el ser humano siente y desea.
¿Ha
tenido que reinventarse la literatura para adaptarse a la
sociedad moderna?
No. Ha
tenido que adaptar el lenguaje, los temas, la forma de exponerlos, pero
sigue siendo la misma básicamente; ha variado la posición de los
diferentes géneros; la poesía y el teatro, que antaño ocupaban los
puestos prominentes, han sido desplazados por la narrativa y el ensayo.
Por otra parte, actualmente estamos habituados a ritmos y modos de
percibir las cosas diferentes, sobre todo debido a las nuevas
tecnologías, y se lee mucho más que antes, a pesar de lo que algunos
digan.
Ha
sido guionista y directora de programas de televisión infantiles. ¿Cree
que la caja tonta es un enemigo de los
libros?
No,
sólo es un aparato más en la casa. El que es lector lee con televisión
o sin ella y el que no lo es, no leerá aunque se la quites. Oigo decir
que se leía más cuando no existía, pero no es cierto. Nunca se ha leído
tanto como ahora, nunca se han vendido tantos libros, ni ha habido
tantos medios para conseguirlos, ni tantas bibliotecas, talleres de
lectura, charlas... Lo que pasa es que el nivel de publicaciones es tan
elevado que es imposible que los lectores lleguemos a leer una pequeña
parte de lo que se edita.