Masako Ishibashi: “La tecnología esperará a la creatividad humana”
Ikebana es un arte milenario floral japonés, que tiene dos facetas importantes. La primera, el desarrollo de la creatividad artística del individuo. La segunda, las emociones que se sienten con la comunicación con las flores. Según Masako Ishibashi, Ikebana ayuda al ser humano a ser más creativo e innovador, dos características fundamentales en la tecnología. En este sentido, es un arte que fomenta la concentración, el desafío por crear obras de arte pese a las trabas que se autoimpone el individuo y la posibilidad de expresar las emociones a través de las composiciones florales. Según esta maestra japonesa, el Ikebana le ha ayudado en todas las facetas de su vida, ya que le ha enseñado a adoptar una postura más valiente y realista ante la vida.
Junio, 2009
Masako Ishibashi fue educada en un ambiente muy tradicional de Kyoto, antigua capital de Japón. Estudiar el arte del Ikebana, la composición de kimonos y la ceremonia del te, eran condiciones de buena mujer casadera. Cuando se licenció por la Universidad de Doshisha, le pidió permiso a su padre, descendiente de samuráis, para que le permitiese ir a trabajar a Madrid. Dice que debió de ser un golpe mortal para él, pero que no le dirigió ni una palabra de reproche. Cuenta que en el avión olvidó en el baño una sortija con una perla que le había regalado su padre. Cuando solicitó a la azafata que por favor anunciase por megafonía la desaparición de la misma para que la persona que la hubiera cogido pudiera devolverla, ésta le dijo: “¿Cómo se le ocurre dejar una cosa así en el lavabo? Por supuesto, la sortija no apareció. Fue su primer “choque de culturas” con Occidente. Completó su carrera formativa en la Universidad parisina de La Sorbona, en la Universidad de Salamanca y en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander. Hoy, Masako Ishibachi ha llegado al grado de maestra de Ikebana y dirige la célebre Escuela de Enshu en Madrid. Además, es corresponsal de la agencia japonesa de noticias Kyodo News y ha sido colaboradora de distintos medios de comunicación japoneses y españoles.
¿Se dice que Japón es el país de la innovación, para usted es cierta esta afirmación o no es más que un cliché?
Japón es una cultura contradictoria, ya que cohesiona tradición y modernidad. En este sentido, creo que es cierta la afirmación de que Japón es un país innovador. No debemos olvidar que hemos sobrevivido gracias a la innovación. Tras la Segunda Guerra Mundial, nuestra isla quedó en ruinas. Nuestras arcas estaban vacías, sumado al hecho de que no disponemos de recursos naturales. Entonces llegaban por mar muy pocas materias primas. Fue allí, en los puertos donde construimos una industria fuerte que, sólo gracias a la innovación, logró generar productos que luego pudieron ser exportados. Gracias a la innovación Japón experimentó un gran crecimiento en ascendente hasta los 90.
¿Qué factor considera esencial en la innovación?
Un factor esencial de la innovación es el trabajo en equipo. En Japón estamos acostumbrados a trabajar en equipo y no entendemos otra forma de desempeñar nuestra actividad profesional. Creamos en conjunto. Quizá por ello no hay tantos genios, que destaquen individualmente. En Japón, se motiva y se impulsa el trabajo conjunto, de donde surge la innovación, que ha producido nuestro crecimiento. Creo que ésta es una gran diferencia con respecto a Occidente, que tiende a ser más individualista.
¿Qué percepción tienen los japoneses de España?
España dejó de ser hace mucho el país de los toros y el flamenco. Para ser sinceros, creo que existe un mayor conocimiento de la cultura española en Japón, que viceversa. Somos grandes amantes del arte español, que es muy conocido, de la dieta mediterránea y la “nouvelle cuisine”, el fútbol, la alegría de los españoles… Me gustaría decir que incluso creo que hemos hallado un punto de encuentro en cuanto a la gastronomía. Aquí cada vez son más populares los restaurantes japoneses, lo mismo que sucede en Japón. Además, ese interés común ha generado un intercambio de conocimiento entre cocinas y la mezcla es ahora más habitual.
¿Cómo ha sido su integración en la sociedad española?
No creo que haya tantas diferencias entre la cultura española y la japonesa. Ambas son emocionalmente fuertes, otras sociedades en cambio, son más frías y teóricas. Encuentro que tanto en Japón como en España hay sensibilidad hacia la cultura, la belleza, la creatividad… Además, siempre he encontrado a la sociedad española muy acogedora, lo que ha facilitado mi integración. ¡Eso sumado, a que debo ser de los pocos japoneses que son habladores! Por otro lado, me gusta pensar que he aportado alguna semilla a la integración de ambas culturas. Cuando llegué no había mucha tradición por las flores en los invernaderos españoles. Aunque sí había y hay producción, ésta se ha exportado a otros países, especialmente a Holanda. Ahora cada vez es más habitual encontrar más oferta ya que hay más demanda.
¿De dónde la viene la tradición del Ikebana?
Yo procedo de Kyoto. Entonces aprender Ikebana era una condición necesaria para ser una buena esposa. También lo era la composición de kimonos y la ceremonia del te. Mi padre me permitió estudiar periodismo en la facultad a cambio de convertirme en una mujer digna de un buen matrimonio. Tengo que decir que entonces no era común estudiar en la facultad para una mujer, éramos muy pocas. De todas formas, en mi casa había gran tradición por el Ikebana. Teníamos un jardín muy grande y mi padre cultivaba flores hermosas. Mi madre era una gran maestra. Desde pequeña sabía que sería maestra de Ikebana.
Defina brevemente Ikebana…
Es un arte milenario de arreglo floral japonés. Es un arte decorativo, pero también espiritual.
¿Ikebana ayuda a fomentar la innovación en las personas?
Enseña a innovar y a ser más creativo. Propone un desafío para quien se enfrenta a este arte. Se trata de un Space Art, es decir, con muy pocos recursos podemos crear una hermosa obra de arte floral. Para ello, hay que tener perspectiva y controlar el espacio. En España es muy habitual regalar un ramo de una docena de rosas o claveles sin más. Sin embargo, no son necesarios más que unos pocos elementos florales para realizar una composición floral. Con una sola flor podemos crear una obra en perfecta armonía. Hay que jugar con el espacio, escoger los recursos que tenemos a nuestro alrededor y sacar de ellos, gracias a la innovación y a la creatividad, la obra de arte.
¿Qué ingredientes debe poseer una composición floral perfecta?
En Ikebana trabajamos tres alturas, que dan la armonía a la composición. En la parte más alta tenemos las ramas, que significan el universo. En la parte más baja, situamos plantas verdes, que representan La Tierra. En medio están las flores, que son el símbolo de los seres humanos. Las flores son frágiles y fugaces, como nuestras vidas, entre el cielo y La Tierra.
¿Qué aporta Ikebana al individuo?
Para mí Ikebana es relajación. Por el contrario, mi profesión periodística es tensión. Entre ambos mundos encuentro el equilibrio. Ikebana ayuda y enseña al ser humano a concentrarse y a conocerse a sí mismo a través del silencio y el diálogo con las flores. Por ejemplo, (señala una flor), ¿quién puede enfadarse antes una cosa tan bella? La belleza es fuente de inspiración…
Dice que el Ikebana se habla en positivo…
Ikebana es un arte de luchadores. Siempre debe practicarse en positivo. Fomenta el autocontrol. En mis clases a veces los alumnos se bloquean. Pero una de las premisas más importantes del Ikebana es: “Yo puedo”. Es decir, deben relajarse y continuar, luchar contra sí mismos y las trabas que muchas veces nos autoimponemos a nosotros mismos. Si aprendemos esto, podemos trasladar este pensamiento a todas las facetas de la vida. Es bueno aprender que el ser humano sí puede. Como las flores, que pese a su fragilidad, crecen en todas las partes del mundo y sobreviven. Muchas veces los seres humanos tendemos a quejarnos como primera reacción, cuando deberíamos pensar lo contrario: “Yo puedo”.
¿El código de las plantas es universal?
El diálogo que nosotros entablamos con ellas es individual, pero su código es universal. Nosotros creemos que a través de las plantas podemos comprender el entorno que nos rodea. Para nosotros el ser humano es una cosa muy pequeña dentro de la inmensidad del Universo. Las flores nos ayudan a comprender la fugacidad de las personas. A veces damos demasiada importancia a nuestra existencia y sufrimos por cuestiones de escasa relevancia. En Ikebana aprendemos a ser modestos y a reducir el ego, porque en realidad no somos tan importantes. Como curiosidad, me gustaría señalar que casi todos los maestros de Ikebana suelen tener una larga vida, porque logran vivir en equilibrio, relajados.
¿Qué relación tiene Ikebana con la tecnología?
La tecnología esperará a la creatividad humana. En este sentido, Ikebana puede ser de ayuda al ser humano para ser creativo e innovador. Creo que son dos características fundamentales en la tecnología. Además, incentiva cualidades de carácter personal, que ayudan al desempeño de la profesión. Nos ayuda a conocernos a nosotros mismos, a luchar contra nosotros mismos y a concentrarnos. Como sugerencia, aconsejaría poner una flor al lado de cada ordenador.
Además de maestra de Ikebana, es usted periodista. ¿Es diferente el código de la comunicación español del japonés?
El código de la comunicación es diferente. En Japón hay un mayor interés por lo nacional, en cambio, aquí hay más espacios informativos dirigidos a noticias internacionales, lo cual es mucho más interesante si creemos en la globalización. Sí hay un rasgo del periodismo japonés que prefiero: la objetividad. Aquí los medios son más partidistas. Otra diferencia es que el japonés medio lee mucha prensa. A mi casa llegaban dos diarios matutinos y dos vespertinos.
Dicen que en Japón el periodismo es una “profesión de hombres”…
Efectivamente, es “una profesión de hombres”. La primera vez que impartí una conferencia en la facultad de periodismo me llamó la atención que el 80% de los estudiantes fueran mujeres. ¡El Japón es justo al contrario!
Habla usted muy bien el castellano, ¿dónde lo aprendió?
Lo aprendí en la facultad. El idioma atrae a muchos japoneses. De hecho, en Japón aproximadamente 400.000 personas estudian castellano, sin incluir a los que van a clases particulares. Sin embargo, en España sólo 2.500 o 3.000 personas se decantan por estudiar japonés. Cómo solía decir el señor Tanaka, ex embajador nipón, “es un amor no correspondido”. Y no sólo ocurre con el idioma, creo que también sucede con la cultura.
¿Volverá a Japón?
Me siento bien integrada en la sociedad española. Vivir aquí es vivir muchas emociones. Además, ya compré casa en Madrid… Ésta es mi segunda patria y creo que acabaré mis días aquí…
