EL PERFIL
Imma
Tubella dirige desde hace casi cuatro años la Universitat Oberta de
Catalunya (UOC), un centro docente que ha pasado de los 200 estudiantes
iniciales a los más de 47.000 actuales, repartidos en más de 70 países
y que cuenta con 27 titulaciones y 345 cursos de posgrado. Doctora en
Ciencias Sociales y profesora de Teoría de la Comunicación, ha
sido también vicepresidenta de la Sociedad Catalana de Comunicación del
Institut d'Estudis Catalans (1995-2003), vicerrectora de investigación
y codirectora del Programa de Doctorado de la UOC (1999-2003),
vicepresidenta del Internet Interdisciplinary Institute –IN3–
(1998-2003), miembro de la Comisión Asesora sobre Telecomunicaciones y
Sociedad de la Información del Departamento de Universidades,
Investigación y Sociedad de la Información de la Generalitat de
Catalunya (1998-2003) y presidenta de la Fundación de la Universitat
Catalana d'Estiu (2006-2007).
En el
ámbito de la docencia, fue profesora de Estructura Internacional
Audiovisual de la Universidad Autónoma de Barcelona (1995-1998) y
profesora de Teoría de la Comunicación de la Universidad Ramon
Llull (1998-2003) También fue miembro del Consejo de Administración de
la Corporación Catalana de Radio y Televisión (2000-2004), del Comité
Europeo de la European Association of Regional Television –CIRCOM
Regional– (1988-1998) y del Consejo del Instituto Franco-Catalán
Transfronterizo –Universidad de Perpiñán– (desde
2000).
Actualmente
es miembro, entre otros, del Consejo Asesor de Telefónica; de la
Fundación FUNDACC, el Barómetro de la Comunicación y la Cultura; del
Patronato de la Fundación Barcelona Media, de la Universidad Pompeu
Fabra, y forma parte del jurado de los Premis Nacionals de
Radiodifusión y TV de Cataluña y los premios RAC (Radio Asociación de
Cataluña)
Atravesamos una etapa complicada tanto en el ámbito económico como en
el social. ¿Cuál es el papel que tiene y el que debería desempeñar la
universidad en las actuales
circunstancias?
La
universidad es una institución al servicio de la sociedad, pensada para
contribuir a su desarrollo a través de la difusión, la creación y la
propagación del conocimiento que alberga y genera. En momentos de
cambios como éste, es más necesario que nunca que la sociedad en su
conjunto vea en la formación y en la cualificación de los trabajadores,
y por tanto en la universidad, una vía para combatir la crisis y
repensar el modelo de crecimiento económico. Si queremos estar a la
vanguardia y construir una sociedad de referencia, destacada por el
bienestar de las personas, la competitividad de las empresas, por el
liderazgo en conocimiento, en nuevas tecnologías, en infraestructuras y
en resultados, tenemos que apostar fuertemente por el conocimiento, la
investigación y la innovación. Estos tres elementos forman parte del
capital que las universidades pueden ofrecer a sus
entornos.ç
¿Por qué es tan poco habitual la autocrítica en la institución
universitaria, cuando se trata, precisamente, de un ámbito
especialmente importante y responsable en la formación de las personas
y en la configuración de las sociedades?
En
nuestro caso, en la UOC, la autocrítica es constante. Sólo podremos
mejorar si analizamos qué va bien y qué va mal. En lugar de
autocrítica, yo diría que el problema radica, tal vez, en el hecho de
que las universidades en general tienen poco margen de maniobra para
adaptarse rápida y ágilmente a los cambios sociales. No sé por qué
estos días me martillea en la cabeza la frase de Gramsci: “Ante el
pesimismo de la inteligencia, pongamos el optimismo de la
razón”.
Respecto a las directrices que emanan de la declaración de bolonia:
¿van a contribuir al cambio pendiente en la
universidad?
Bolonia
es una fuente de innovación muy importante y nos ofrece la oportunidad
de construir una nueva universidad, pero no hay cambio sin voluntad.
Las universidades tenemos una fuerte voluntad de transformación, y en
particular la UOC tiene muy clara la vocación de liderazgo en la
enseñanza universitaria no presencial. No obstante, es cierto que esta
voluntad tiene que ir acompañada de un entorno que nos ayude. La
adaptación no es a coste cero y exige un esfuerzo inversor importante.
Hace falta más implicación financiera de las administraciones públicas,
vinculada al cumplimiento de objetivos, y más capacidad del sistema
universitario para, por un lado, conseguir financiación de las
principales instituciones privadas del país y, por otro, acostumbrarse
a la gestión transparente y al rendimiento de
cuentas.
La UOC es una universidad joven, innovadora, orientada
al futuro y sin una pesada carga histórica. ¿Lo va a tener más fácil en
este nuevo escenario?
Sin
lugar a dudas. La evaluación continua, la utilización de nuevas
tecnologías en el proceso de aprendizaje, o el hecho de situar al
estudiante en el centro del modelo de enseñanza/aprendizaje, son
elementos que ya forman parte del ADN de la UOC. Por tanto, es evidente
que tenemos un papel de liderazgo notable en el proceso de adaptación
al espacio europeo de educación superior. Desde sus inicios, la UOC
posee un modelo de aprendizaje que tiene en cuenta las necesidades del
estudiante, que se centra en la calidad, que evalúa sobre todo a partir
del trabajo constante del estudiante y que se basa en la utilización de
las tecnologías y de los recursos digitales. Pero, ante todo, lo que
sitúa a la UOC en una posición de liderazgo es su enorme flexibilidad
y, por tanto, capacidad de adaptación al cambio.
¿Cuáles son las claves que han permitido a la UOC ser una referencia en
el mundo?
El gran
secreto de la UOC es que no pasó el modelo educativo tradicional a la
red. Para nosotros el estudiante es el centro, y nos tenemos que
preguntar qué necesita, pues se ha de tener en cuenta que, en muchas
ocasiones, también trabaja. Hemos de plantearnos qué materiales
necesita, cómo tienen que ser, etcétera. Es un cambio total del
proyecto pedagógico. También llevamos a cabo la evaluación continua,
que siguen un 90% de estudiantes, pese a que no es obligatoria. Aparte
del modelo pedagógico, la UOC nació para responder a una demanda social
que ha ido creciendo: la necesidad de formación a lo largo de la vida y
la necesidad de muchas personas, que en su momento dejaron los estudios
y que ahora quieren compaginarlos con su trabajo y han vuelto a la
universidad gracias a la flexibilidad que ofrecemos. Otro motivo es que
en el año 1995, cuando nació la UOC, en Cataluña el uso de Internet era
muy incipiente. Pero partimos en el momento del impulso. En estos
quince años, la sociedad ha cambiado mucho y ha aceptado a la UOC de
manera amplia.
Entre sus prioridades como rectora está hacer de la UOC una universidad
multilingüe. ¿Cómo se está avanzando en esta
línea?
Estamos
avanzando mucho. La previsión es poner en marcha nuestra oferta
multilingüe para la comunidad internacional con un amplio despliegue en
inglés en una primera fase y al menos un máster en francés, el próximo
curso. También estamos preparando oferta en mandarín y en árabe. Ya
tenemos algún curso en amazigh y en bosnio. También estamos trabajando
en un depósito de lenguas.
Otro elemento que desea potenciar es la investigación. ¿Cuáles son los
criterios que aplicará en este sentido?
La
investigación en la UOC se basa, en gran medida, en el ámbito de las
TIC y de la sociedad de la información, centralizado en el Internet
Interdisciplinary Institute (IN3) de la UOC, dirigido por el profesor
Manuel Castells. La novedad de este año es la creación del eLearn
Centre, un centro de innovación e investigación especializado en
aprendizaje virtual en línea con los valores de excelencia, innovación
y liderazgo de la UOC en el ámbito de la formación en
línea.
El perfil de su alumnado es muy diferente al de las universidades
convencionales. ¿Es también más exigente?
Seguramente.
La mayor parte de los estudiantes se sitúan en una franja de edad que
va de los 30 a los 35 años. Responden a perfiles muy variados: madres
trabajadoras, personas que tienen a cargo a otras personas,
profesionales en activo que quieren ampliar conocimientos académicos,
estudiantes que en su momento no acabaron sus estudios superiores y que
ahora vienen a hacerlo a la UOC, personas que quieren cursar segundas
carreras, etcétera. Precisamente la UOC se creó para servir a estos
colectivos, para las personas que quieren estudiar pero que no pueden
ir a la universidad durante la jornada laboral. No obstante, si bien es
cierto que la mayoría de los estudiantes responden a este perfil,
también empezamos a tener nativos digitales, que ya han nacido
conectados a Internet y que se sienten más cómodos en nuestra
universidad, más próxima a un medio de comunicación que a una
universidad tradicional y con un modelo pedagógico distinto. Para
ellos, Internet no es un instrumento como lo es para nosotros, es una
forma de pensar y de actuar, de vivir. Por consiguiente, es normal que
nos vean a nosotros como su universidad natural.
Se habla permanentemente de la necesidad de fortalecer la colaboración
universidad-empresa, pero parece que no se consiguen grandes avances.
¿Qué hay que hacer para cambiar esta
dinámica?
En
primer lugar, intensificar los lazos entre las dos partes y trabajar
más en colaboración y, en segundo lugar, ir cambiando la mentalidad que
dice que la conexión universidad-empresa es negativa. La universidad
está obligada a ir siempre más allá, a hacer prospectiva y a superar
las barreras del conocimiento independientemente del momento que
vivimos. Si no lo hace, nunca será de prestigio, referencia y calidad.
Las universidades tienen que dar una respuesta rápida y eficaz a las
necesidades que surgen en una sociedad en constante transformación. Si
la universidad y la empresa no van de la mano, no conseguiremos la
excelencia de la formación superior y el liderazgo en el campo de la
innovación y de la investigación. En esto tenemos que mirar lo que se
hace en EEUU y aprender.
¿Se fomenta lo suficiente el emprendizaje? ¿Se ayuda a los
jóvenes que desean ser emprendedores?
No, y
precisamente para fomentar el emprendizaje hemos impulsado algunos
programas de posgrado. Por ejemplo, el curso pasado impulsamos el
primer programa interuniversitario diseñado específicamente para
emprendedores, cuyo nombre es Programa intensivo en creación de
empresas, con el objetivo de promover e incentivar el emprendizaje.
Supongo que en todas partes pasará lo mismo, pero estoy convencida de
que el futuro de Cataluña está directamente ligado al desarrollo de sus
capacidades emprendedoras y de que las universidades están
comprometidas con el desarrollo de esta capacidad de emprendizaje. Son
precisamente las sociedades más emprendedoras las que están mejor
preparadas para superar los entornos de crisis.
¿Cuáles son sus principales retos pensando en el futuro de la
UOC?
El
primer reto es que la UOC, además de ser una universidad en la red,
trabaje en red. Para ello se ha de reforzar, por tanto, la cooperación
y la colaboración con otras instituciones tanto del entorno más
inmediato como del ámbito internacional; el segundo es que sea una
universidad multilingüe; y el tercero, no menos importante, que sea una
institución académica competitiva y referente de calidad, especialmente
en la enseñanza virtual y en la formación a lo largo de la
vida.
¿Se están sentando adecuadamente las bases para hacer de la universidad
un agente de innovación? ¿En qué aspectos concretos están trabajando
desde la UOC para desempeñar esta función de manera
adecuada?
Toda la
comunidad universitaria tiene que erigirse en fuente de innovación, y
nuestro objetivo más inmediato es avanzar e innovar en el modelo
educativo. La universidad del futuro me la imagino mucho más abierta y
flexible, muy distinta de la que conocemos; más como un faro que como
una torre de marfil. Me imagino un modelo de universidad que incorpore
la innovación como sistema de crecimiento del conocimiento con un mayor
desarrollo de la investigación y la innovación en contacto con las
instituciones y las empresa.