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Jueves, 24 de Mayo de 2012
Herramientas Personales

Tom Kelley: “Muchas innovaciones son simplicidad. A veces, cuando hablamos de innovación, menos es más”

Algo debe saber Tom Kelley sobre innovar, después de más de 30 años trabajando en varios miles de programas de innovación. Desde la consultora que él mismo fundó en Sillicon Valley, IDEO, ha dedicado toda una vida a ayudar a otras empresas a aumentar su competitividad haciendo sus productos más innovadores. Como es lógico, para él la fórmula del éxito se basa principalmente en la innovación, y por eso aconseja a las compañías que la aborden cuanto antes “si no quieren verse abocadas a ser relegadas en el mercado”. Porque, en su opinión, “innovar, considerando el largo plazo, tiene su urgencia implícita”. Para animarles en este cometido, Kelley asegura que “los ingredientes individuales en la receta de la innovación no son tan complejos” y que muchas innovaciones son simplicidad: “A veces, cuando hablamos de innovación, menos es más”.

Tom Kelley: “Muchas innovaciones son simplicidad. A veces, cuando hablamos de innovación, menos es más”

Tom Kelley

Junio, 2010

 
En España IDEO no es muy conocida. ¿Podría explicar en qué consiste su actividad?
IDEO es una consultora de diseño e innovación que fundamos mi hermano y yo hace treinta años en Silicon Valley, y que ha crecido hasta convertirse en un proveedor global de soluciones de diseño centradas en las personas. Con oficinas en todo el mundo, incluyendo dos en Europa, IDEO utiliza un enfoque denominado design thinking para ayudar a sus clientes a innovar en productos, servicios, entornos y experiencias digitales. También trabajamos con todo tipo de organizaciones para construir o renovar sus culturas de innovación. Aunque puede que mucha gente en España no conozca IDEO, frecuentemente se incluye entre las compañías más innovadoras del mundo.
 
De IDEO han surgido cientos de ideas que se han plasmado en productos. ¿Podría indicarnos alguna de la que esté especialmente orgulloso?
Hemos trabajado en varios miles de programas de innovación, así que hay muchos productos candidatos. Sin duda, uno de mis favoritos es el Heartstream Defibrillator (http://www.ideo.com/work/item/forerunner), un dispositivo del tamaño de un ordenador portátil que proporciona una descarga que puede restablecer el ritmo cardíaco ante una parada del corazón. Trabajando junto al cliente, creamos una interfaz muy sencilla para el desfibrilador, que puede ser entendida y utilizada por usuarios como azafatas de vuelo y, en general, personas sin formación médica formal previa. La combinación entre un diseño simple y tecnología avanzada ha ayudado a que el desfibrilador haya salvado cientos de vidas. La tecnología de ese producto pertenece ahora a Philips Electronics, y se pueden encontrar “descendientes” por todo el mundo.
 
Y en el ámbito de la innovación social, ¿cuál destacaría?
Recientemente hemos trabajado en programas de innovación social para aplicar nuestras habilidades de design thinking a diversos aspectos globales. Un buen ejemplo de nuestro trabajo de innovación social son las herramientas Human Centered Design (HCD) que IDEO ha creado con la Fundación Gates para mejorar la calidad de vida de comunidades en África, Asia y Latinoamérica. IDEO ofrece gratis su HCD a ONG’s que intentan entender las necesidades humanas bajo nuevos parámetros, y encontrar soluciones innovadoras para cubrirlas mediante la provisión de soluciones financieramente sostenibles. Partiendo del proceso que funcionó para compañías multinacionales, IDEO adaptó esas herramientas centradas en las personas para ONG’s y organizaciones sociales que trabajan en países en desarrollo. En la actualidad, estas Herramientas HCD ya han sido objeto de más de 30.000 descargas y su uso se ha extendido ampliamente en organizaciones sin ánimo de lucro. (http://www.ideo.com/work/item/human-centered-design-toolkit)
 
¿Qué requisitos debe cumplir una persona que aspire a trabajar en IDEO?
IDEO da una gran importancia al talento y a la contratación, porque creemos que la calidad y la pasión de las personas que componen un equipo influyen enormemente en el éxito de cualquier actividad creativa. Cuando me uní a la empresa hace más de veinte años, contratábamos principalmente ingenieros y teníamos muy claro lo que estábamos buscando. Ahora que IDEO tiene un grupo de innovadores mucho más diverso, buscamos talentos y habilidades diferentes para cada rol. Pero una característica común a todos es lo que llamamos T Shaped People (personas con forma de T). Es decir, buscamos gente brillante que tenga grandes conocimientos en al menos un campo (la parte vertical de la T), pero también queremos que tenga amplios intereses y experiencia en otras áreas (trazo horizontal). Una ‘T’ podría ser un ingeniero que también hace películas, o un antropólogo que en su tiempo libre es un artista trabajando la madera. Estas personas tienen más puntos de unión, trabajan mejor en equipos multidisciplinares, son grandes constructores a partir de las ideas de otros. Si está buscando grandes innovadores para proyectos desafiantes, consiga algunas ‘T’ para su equipo.
 
Usted ha definido las diez caras de la innovación ¿Con cuáles se quedaría si tuviera que priorizar dos?
En mi libro Las diez caras de la innovación menciono que todos tenemos un poco de las diez caras, pero que la mayoría de la gente tiene sus favoritas o algunas con las que conectan más. Para mí, un potente par de roles innovadores para cualquier equipo serían el ‘Antropólogo’ y el ‘Arquitecto de Experiencias’. El ‘Antropólogo’ profundiza en un campo para observar el comportamiento humano, buscando necesidades latentes y otras oportunidades de innovación. El ‘Arquitecto de Experiencias’ toma esos elementos y los combina con las capacidades actuales o futuras de la organización para crear una convincente nueva experiencia para los clientes. El ‘Antropólogo’ proporciona inspiración nueva. El ‘Arquitecto de Experiencias’ le da forma y la implementa. Si colaboran exitosamente, estos dos roles pueden ofrecer innovación centrada en los clientes de manera continuada.
                          
¿Por qué hay tantas empresas que no innovan?
La mayoría de las empresas quieren innovar, pero se distraen con otros desafíos. En el vertiginoso mundo de la empresa del siglo XXI, la mayoría de los directivos siente que tiene muchísimo trabajo y falta de tiempo. Como me decían una vez: “Los días son demasiado largos, los años demasiado cortos”. Así, aunque en principio todos valoran la innovación, en la práctica se ajusta a lo que el Dr. Steven Covey, autor de Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, llama ’Cuadrante II’, las tareas importantes pero no urgentes. Por tanto, incluso en compañías que realmente creen en el valor de la innovación, los directivos se sienten tentados a procrastinar, a dejar la innovación para mañana y concentrarse en las tareas urgentes de hoy. Pero cuidado, porque continuar dejándola para mañana podría suponer levantarte un día y descubrir que alguien –otra compañía que no se haya acomodado a no innovar- se ha llevado un trozo de tu pastel o algunos clientes que deberían haber sido tuyos. Porque sí, la innovación está en el Cuadrante II de Covey, pero considerando el largo plazo tiene su urgencia implícita. Las empresas que fracasen en este aspecto están abocadas a ser relegadas en el mercado.
 
¿Lo sencillo está reñido con la innovación?
La innovación no siempre se aplica a características, artilugios o estéticas. Al contrario, muchas innovaciones son simplicidad. Apple, un innovador incansable que parece inmune a la crisis, siempre ha buscado la simplicidad en sus productos y en su marca. Por ejemplo, hace más de 25 años trabajamos en su primer ratón, siendo pioneros en el uso de una tecnología que se convertiría en una interfaz icónica de la era de los ordenadores. A mitad de proyecto tuvimos una reunión para decidir si su primer ratón debería tener uno, dos o incluso tres botones. Apple se decidió por el de un botón porque sería más sencillo de utilizar y de explicar a los usuarios noveles. Priorizando la simplicidad, Apple ha creado algunos de los más innovadores -e idolatrados- productos de la era moderna. La simplicidad y la innovación pueden ser bastante compatibles. Los innovadores brillantes podrían detener su “carrera de armamento funcional” y a cambio considerar la simplicidad. A veces, cuando hablamos de innovación, menos es más.
 
O como dice el gurú Tom Peters, “la estrategia es el arte del sacrificio”…
Exacto. Hay muchas compañías punteras que están combinando exitosamente innovación y simplicidad. Google, por ejemplo, tiene una de las páginas más simples que puedas encontrar, y es uno de los sitios más populares -y rentables- de Internet. Una de las características más innovadoras de Amazon es el pedido en un clic, tan convincente que más de la mitad de mis compras online las hago a través de ellos. Y si has visto alguna vez la minúscula y ultrasencilla videocámara Flip, habrás comprobado que tiene muchísimas menos funciones que una Sony último modelo, pero fue la cámara más vendida las vacaciones pasadas porque hacía que grabar y subir vídeos a Internet resultara tan sencillo para cualquiera podía hacerlo.
 
¿Cualquiera puede aprender a innovar? ¿Cuál es el secreto?
Buenas noticias: se puede aprender a innovar. De hecho, una de las razones por las que uso mucho la palabra “innovación”, y no “creatividad”, es porque mucha gente parece pensar que la creatividad es un rasgo de la personalidad o algo con lo que se nace. En cambio la innovación es más reconocible como una capacidad que se puede adquirir, cultivar y difundir en una organización. Una de las claves para extender la innovación es dividirla en partes manejables. Si el CEO pide “ser innovadores mañana”, la gente no sabrá por dónde empezar. Pero los ingredientes individuales en la receta de la innovación no son tan complejos. Como digo en Las diez caras de la innovación, se puede despiezar la cultura de la innovación en diez roles que los innovadores pueden desempeñar. Si, por ejemplo, su organización anima a los ‘Antropólogos’ a aprender más de los clientes observando su comportamiento; si pone a ‘Experimentadores’ a probar nuevas ideas; si consigue que los ‘Polinizadores’ traigan conceptos frescos de otros sectores… entonces está en el camino correcto para lograr una cultura de innovación.
 
¿Es más fácil innovar en empresas pequeñas? ¿Cómo deben gestionar la innovación las grandes?
La sabiduría popular dice que las empresas pequeñas son rápidas y ágiles mientras que las grandes y viejas son lentas y rígidas. Pero las grandes corporaciones pueden ejercitar la innovación si desean aplicar nuevos enfoques. General Electric, una de las compañías más grandes del mundo, ha lanzado recientemente nuevas ideas usando lo que su CEO, Jeffrey Immelt, llama “innovación inversa”. En el modelo tradicional de I+D, las ideas se generan en la sede y se dispersan por la organización. Con la innovación inversa, en cambio, soluciones simples y de bajo coste surgidas en un lugar –especialmente en el desafiante entorno de países en desarrollo- se estudian en la sede donde se adaptan para su aplicación en países desarrollados u otros lugares del planeta.
 
¿Podría dar un ejemplo de innovación inversa?
Un caso de innovación inversa es el electrocardiograma compacto (ECG) de GE Healthcare, desarrollado para el mercado hindú. En 18 meses, un equipo en India, trabajando con un presupuesto ínfimo, desarrolló un ECG único de un tercio el peso de anteriores modelos y por un coste diez veces menor. Habiendo obtenido un rotundo éxito en las zonas rurales de la India, el nuevo MAC 400 ECG prepara su desembarco en los mercados de todo el mundo. La innovación inversa es una potente herramienta para encontrar soluciones creativas incluso en las más grandes compañías.
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