Óscar
Terol. Humorista
Humorista,
actor, columnista, presentador, escritor… ¿Con cuál de estas facetas se
queda?
Con
todas, soy un contador de historias que utiliza todos los medios, hasta
el propio cuerpo.
Y
ahora también tiene un blog, ‘Se abre el Terol’. Hoy en día, si no se
tiene un blog no se es nadie…
Nos
hemos vuelto locos, ya no vale con vivir, tienes que contar tu vida en
todos los medios, y cada vez hay más. El mundo de internet es como un
planeta paralelo, tienes posibilidad de conectarte con muchas personas,
de establecer relaciones, pero da mucho trabajo y creo que hay algo de
ansia. Parece que si no estás presente no existes. Creo que nos estamos
pasando un poquito de frenada. Sería saludable descansar del mundo de
internet.
¿De
dónde saca las horas para llegar a todo? ¿Cómo las
gestiona?
La
clave está en la dedicación, soy como una monja, trabajo todos los días
de la semana y no hago vacaciones. Eso sí, cada día procuro llegar al
éxtasis con algún pecadillo confesable.
¿Cuál
considera su mayor éxito profesional?
Vivir
del espectáculo sin moverme de San Sebastián. Milagro lo llamaría
yo.
¿Por
qué ni se plantea moverse de San Sebastián?
Me
descentra moverme. Aquí tengo todo lo que quiero, una buena familia,
buenos amigos y vivo en un sitio que me gusta mucho. Mis aficiones son
muy de taller, me gusta mucho la música, dibujar, escribir, soy feliz
en un taller con una guitarra, una mesa con papeles y puedo pasarme
horas y horas. Y luego el escape de eso son mis amigos y un poco de
deporte. Viajar me aporta que veo cosas pero realmente mi felicidad es
hacer un dibujo que me guste, tocar una canción. Me descentra tanto
meter mi vida en una maleta…no lo entiendo, me voy y siempre digo para
qué, quiero volver. Como lo tengo claro no quiero hacer el viaje, ya
estoy aquí. Eso sí, viajo mucho de cabeza, la imaginación es el motor
de mi trabajo, viajo mucho estando quieto.
Un reto
profesional y personal, ser capaz de contar una historia larga que
atrape al lector.
¿De
qué va el libro?
Año
2050, la industria alimentaria mundial está gestionada por los chinos
y media humanidad se alimenta de productos que se extraen de la
soja, el maná del siglo XXI. Euskadi es el último reducto donde se
conserva intacta la tradición gastronómica, casi una religión, y da
cobijo a quienes quieren luchar contra la gran invasión china y sus
productos. Carlos Zabala es un joven sin más talento que haber nacido
en una familia propietaria de un famoso restaurante que atrae a su
clientela gracias a su tarta de queso, receta secreta de la abuela. Un
desgraciado día Carlos se ve inmerso en una misión que cambiará su vida
para siempre: sonsacar a la anciana mujer repostera la receta del
exitoso postre para preservar así el futuro de la familia Zabala.
Crímenes, misterios, erotismo, acción y revelaciones del futuro que nos
espera. Todo ello cocinado con mucho humor.
¿Cómo
se le ocurrió?
Mi
ánimo a la hora de escribir era contar una historia con humor sin
renunciar a cuestiones sentimentales o filosóficas que nos interesan a
todos. Su protagonista busca en esa Euskadi de dentro de cuarenta años
la receta de una tarta de queso que es la metáfora de lo que muchos
buscamos en la cocina: dar o recibir cariño.
Tras
la publicación de esta obra, ¿qué retos tiene entre
manos?
Vuelvo
a la televisión con un programa especial en Navidad y sigo escribiendo
mis artículos.
¿Echaba
de menos estar delante de las cámaras?
Sí, lo echo de menos. Dentro de mis facetas actuar es importante, por
ello hago teatro, porque lo necesito. La tele me gusta
mucho.
Hablando
de recetas, ¿cuál sería la suya para salir de la
crisis?
Pasar
del abuso al uso. Es decir: no comprar más herramientas, y sacarle el
partido a las que tenemos.
¿Qué
habría que hacer para que no se vuelva a
repetir?
Bajar
les expectativas en lo material y elevarlas en nuestro patrimonio
inmaterial.
¿Se
ha notado también en el mundo del espectáculo?
Sí,
sobre todo en los proyectos que necesitan subvenciones. Las partidas
destinadas a la cultura son las primeras que desaparecen en tiempos de
crisis.
¿Usted
qué medidas concretas ha tomado?
A mí me
da por activarme y estudiar; invierto en mi crecimiento y
enriquecimiento personal. Me gusta sentir que sé hacer cosas, eso me
permitirá comer siempre.
¿Existe
alguna fórmula para ser optimista y no perder el sentido del humor
cuando todo sale mal?
Pasaría
por no dar el poder a nada ni nadie que no seas tú. De lo que se trata
es de gestionar el ánimo uno mismo; para lo bueno y para lo
malo.
¿Por
qué crees que se valoran más los llamados programas serios que los de
humor?
Es
injusto. En los Oscar, por ejemplo, es muy difícil que premien una
comedia, los actores cómicos siempre están en un segundo plano. Creo
que es como todo lo bueno y bonito en la vida, que pasa desapercibido:
el agua es gratis y no le hacemos ni caso, el amor de una madre es
gratis y no nos acordamos, un amigo es gratis y nos olvidamos. El humor
es lo más bonito que hay a la hora de trabajar y lo tenemos ahí como
olvidado.
¿Hacia
dónde evoluciona el humor? ¿Cómo será el humor del
futuro?
El
humor acompañará la evolución de las personas, siempre habrá muchos
tipos de humorismo, algunos más respetuosos que
otros.
Hoy
día los sketches de humor, donde usted tan bien se maneja, han creado
un nuevo género, como son las series o las tiras de sketches cómicos.
¿Qué le parecen?
El humor siempre me parece bien. Es el único género que he trabajado y
con el que me gustaría poder seguir. Va todo por modas. Hace 10 años se
pusieron de moda los monólogos y en los últimos años parece que lo que
funciona son los espacios de sketches. Hay trabajo para guionistas y
trabajo para actores. Todos contentos. El humor siempre hay que
cuidarlo y exige renovarlo cada año.
¿Ha
cambiado mucho su estilo con el paso de los
años?
La base
es la misma, es decir, tratar de que la gente se ría. Cambian los
medios y los referentes sobre los que construyes los
chistes.
¿Cree
que es necesario innovar también en el humor o que al final siempre
hace gracia lo mismo, como el señor que se tropieza y se da un
trompazo?
La
innovación es necesaria porque ese señor que se tropieza, un día eres
tú, y hay que contarlo de otra manera.
Y
hablando de trompazos. ¿Se ha dado usted alguno? ¿Cree que son
necesarios para evolucionar?
En lo
profesional, sí he tenido alguno. Todos necesarios para evolucionar,
efectivamente: imprescindibles para avanzar. Pero no hay que tener
miedo. Sólo tengo miedo al miedo, a que el miedo me
paralice.
¿Existe
cooperación entre humoristas, aprendéis unos de otros, o existe
demasiada competencia como para ello?
Lo
bueno de nuestro trabajo es que todo se ve, no hay trucos escondidos;
cualquiera es tu maestro, aunque él no quiera. Pero sí, hay buena
relación y solemos compartir las experiencias.
Se
dice que para innovar es importante fijarse en las cosas cotidianas. El
humor es una de ellas, quizá de las más importantes. ¿Qué lecciones
puede sacar una empresa del humor?
La que
considero más importante es que el humor es una cualidad de las
personas sanas y capaces de superar dificultades. Si el humor
desaparece de una empresa estaríamos ante una señal de
alarma.
En
su columna toca temas de actualidad, y sus críticas muchas veces las
protagoniza la economía. ¿Cuáles son para usted el mayor la principal
virtud y el principal defecto de las empresas en la
actualidad?
El
mayor defecto es creerse microcosmos alejados del mundo. La principal
virtud es permitir a las personas el desarrollo de su actividad
profesional permitiendo la convivencia con otros
trabajadores.
¿Qué
primer paso deberían dar los que manejan la economía para comenzar a
salvarse de su ironía?
No
poner precio al dinero.
¿Qué
le ha hecho más gracia en 2011?
Lo
perdidos que estamos con tantos GPS, satélites y
guías.
FRASES
DESTACADAS:
“Mantener
el optimismo pasa por no dar el poder a nada ni nadie que no seas
tú”
“Nos
estamos pasando de frenada. Sería saludable descansar del mundo de
Internet”
“La
imaginación es el motor de mi trabajo, viajo mucho estando
quieto”
EL
PERFIL:
Óscar
Terol es un humorista donostiarra de 42 años que ha trabajado en muy
diversos ámbitos: radio, actor (en televisión, cine y teatro),
presentador de programas televisivos y escritor (de guiones, prensa,
libros y weblogs).
Fue el
programa Vaya semanita de ETB el que le lanzó a la fama, pasando
a ser uno de los rostros más conocidos de la televisión vasca. En él
trabajó como presentador, actor y guionista. El programa alcanzó gran
popularidad en toda España por sus abundantes apariciones en los
zappings y en vídeos de Internet, lo que le catapultó a la televisión
de difusión nacional, si bien después siguió trabajando en distintos
programas de ETB.
También
ha tenido éxito editorial. Ha sido guionista de numerosos programas de
humor, y ha publicado Todos nacemos vascos (2005) Ponga un
vasco en su vida (2006), o La era del estreñimiento (2007),
trasladando al papel el humor que tanto éxito les diera en la
televisión vasca. Posteriormente (2009) escribió Técnicas de la
mujer vasca para la doma y monta de maridos, siguiendo el mismo
estilo fresco y desenfadado.
De su
última obra El vasco que no comía demasiado, publicada
recientemente, habla en esta entrevista, en lo que supone su primera
incursión en la novela.