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Jueves, 24 de Mayo de 2012
Herramientas Personales

Óscar Terol: “Si el humor desaparece de una empresa, ésta estaría ante una señal de alarma”

Polifacético humorista donostiarra y maestro de ceremonias en la presentación de la Memoria Corporativa de Ibermática que tuvo lugar el pasado mes de junio en San Sebastián, Óscar Terol comparte en esta entrevista algunas reflexiones sobre el mundo del humor y de la empresa, sin olvidar, cómo no, el actual contexto de crisis que impregna toda la actualidad. A su juicio, dejarla atrás pasa, por un lado, por “bajar les expectativas en lo material y elevarlas en nuestro patrimonio inmaterial” y, por otro, “por ir del abuso al uso; es decir, no comprar más herramientas y sacar partido a las que ya tenemos”. En su lucha particular, asegura que la clave está en la dedicación: “soy como una monja, trabajo todos los días de la semana y no hago vacaciones”, y en activarse y estudiar: “invierto en mi crecimiento y enriquecimiento personal. Me gusta sentir que sé hacer cosas, eso me permitirá comer siempre”.

Óscar Terol: “Si el humor desaparece de una empresa, ésta estaría ante una señal de alarma”

El humorista Óscar Terol

Diciembre, 2011

 
Óscar Terol. Humorista
 
Humorista, actor, columnista, presentador, escritor… ¿Con cuál de estas facetas se queda?
Con todas, soy un contador de historias que utiliza todos los medios, hasta el propio cuerpo.
 
Y ahora también tiene un blog, ‘Se abre el Terol’. Hoy en día, si no se tiene un blog no se es nadie…
Nos hemos vuelto locos, ya no vale con vivir, tienes que contar tu vida en todos los medios, y cada vez hay más. El mundo de internet es como un planeta paralelo, tienes posibilidad de conectarte con muchas personas, de establecer relaciones, pero da mucho trabajo y creo que hay algo de ansia. Parece que si no estás presente no existes. Creo que nos estamos pasando un poquito de frenada. Sería saludable descansar del mundo de internet.
 
¿De dónde saca las horas para llegar a todo? ¿Cómo las gestiona?
La clave está en la dedicación, soy como una monja, trabajo todos los días de la semana y no hago vacaciones. Eso sí, cada día procuro llegar al éxtasis con algún pecadillo confesable.
 
¿Cuál considera su mayor éxito profesional?
Vivir del espectáculo sin moverme de San Sebastián. Milagro lo llamaría yo.
 
¿Por qué ni se plantea moverse de San Sebastián?
Me descentra moverme. Aquí tengo todo lo que quiero, una buena familia, buenos amigos y vivo en un sitio que me gusta mucho. Mis aficiones son muy de taller, me gusta mucho la música, dibujar, escribir, soy feliz en un taller con una guitarra, una mesa con papeles y puedo pasarme horas y horas. Y luego el escape de eso son mis amigos y un poco de deporte. Viajar me aporta que veo cosas pero realmente mi felicidad es hacer un dibujo que me guste, tocar una canción. Me descentra tanto meter mi vida en una maleta…no lo entiendo, me voy y siempre digo para qué, quiero volver. Como lo tengo claro no quiero hacer el viaje, ya estoy aquí. Eso sí, viajo mucho de cabeza, la imaginación es el motor de mi trabajo, viajo mucho estando quieto.
 
Acaba de presentar su último libro ‘El vasco que no comía demasiado’. ¿Cuál es el motivo de su salto a la novela?
Un reto profesional y personal, ser capaz de contar una historia larga que atrape al lector.
 
¿De qué va el libro?
Año 2050, la industria alimentaria mundial está gestionada por los chinos y media humanidad se alimenta de productos que se extraen de la soja, el maná del siglo XXI. Euskadi es el último reducto donde se conserva intacta la tradición gastronómica, casi una religión, y da cobijo a quienes quieren luchar contra la gran invasión china y sus productos. Carlos Zabala es un joven sin más talento que haber nacido en una familia propietaria de un famoso restaurante que atrae a su clientela gracias a su tarta de queso, receta secreta de la abuela. Un desgraciado día Carlos se ve inmerso en una misión que cambiará su vida para siempre: sonsacar a la anciana mujer repostera la receta del exitoso postre para preservar así el futuro de la familia Zabala. Crímenes, misterios, erotismo, acción y revelaciones del futuro que nos espera. Todo ello cocinado con mucho humor.
 
¿Cómo se le ocurrió?
Mi ánimo a la hora de escribir era contar una historia con humor sin renunciar a cuestiones sentimentales o filosóficas que nos interesan a todos. Su protagonista busca en esa Euskadi de dentro de cuarenta años la receta de una tarta de queso que es la metáfora de lo que muchos buscamos en la cocina: dar o recibir cariño.
 
Tras la publicación de esta obra, ¿qué retos tiene entre manos?
Vuelvo a la televisión con un programa especial en Navidad y sigo escribiendo mis artículos.
 
¿Echaba de menos estar delante de las cámaras?
Sí, lo echo de menos. Dentro de mis facetas actuar es importante, por ello hago teatro, porque lo necesito. La tele me gusta mucho.
 
Hablando de recetas, ¿cuál sería la suya para salir de la crisis?
Pasar del abuso al uso. Es decir: no comprar más herramientas, y sacarle el partido a las que tenemos.
 
¿Qué habría que hacer para que no se vuelva a repetir?
Bajar les expectativas en lo material y elevarlas en nuestro patrimonio inmaterial.
 
¿Se ha notado también en el mundo del espectáculo?
Sí, sobre todo en los proyectos que necesitan subvenciones. Las partidas destinadas a la cultura son las primeras que desaparecen en tiempos de crisis.
 
¿Usted qué medidas concretas ha tomado?
A mí me da por activarme y estudiar; invierto en mi crecimiento y enriquecimiento personal. Me gusta sentir que sé hacer cosas, eso me permitirá comer siempre.
 
¿Existe alguna fórmula para ser optimista y no perder el sentido del humor cuando todo sale mal?
Pasaría por no dar el poder a nada ni nadie que no seas tú. De lo que se trata es de gestionar el ánimo uno mismo; para lo bueno y para lo malo.
 
¿Por qué crees que se valoran más los llamados programas serios que los de humor?
Es injusto. En los Oscar, por ejemplo, es muy difícil que premien una comedia, los actores cómicos siempre están en un segundo plano. Creo que es como todo lo bueno y bonito en la vida, que pasa desapercibido: el agua es gratis y no le hacemos ni caso, el amor de una madre es gratis y no nos acordamos, un amigo es gratis y nos olvidamos. El humor es lo más bonito que hay a la hora de trabajar y lo tenemos ahí como olvidado.
 
¿Hacia dónde evoluciona el humor? ¿Cómo será el humor del futuro?
El humor acompañará la evolución de las personas, siempre habrá muchos tipos de humorismo, algunos más respetuosos que otros.
 
Hoy día los sketches de humor, donde usted tan bien se maneja, han creado un nuevo género, como son las series o las tiras de sketches cómicos. ¿Qué le parecen?
El humor siempre me parece bien. Es el único género que he trabajado y con el que me gustaría poder seguir. Va todo por modas. Hace 10 años se pusieron de moda los monólogos y en los últimos años parece que lo que funciona son los espacios de sketches. Hay trabajo para guionistas y trabajo para actores. Todos contentos. El humor siempre hay que cuidarlo y exige renovarlo cada año.
 
¿Ha cambiado mucho su estilo con el paso de los años?
La base es la misma, es decir, tratar de que la gente se ría. Cambian los medios y los referentes sobre los que construyes los chistes.
 
¿Cree que es necesario innovar también en el humor o que al final siempre hace gracia lo mismo, como el señor que se tropieza y se da un trompazo?
La innovación es necesaria porque ese señor que se tropieza, un día eres tú, y hay que contarlo de otra manera.
 
Y hablando de trompazos. ¿Se ha dado usted alguno? ¿Cree que son necesarios para evolucionar?
En lo profesional, sí he tenido alguno. Todos necesarios para evolucionar, efectivamente: imprescindibles para avanzar. Pero no hay que tener miedo. Sólo tengo miedo al miedo, a que el miedo me paralice.
 
¿Existe cooperación entre humoristas, aprendéis unos de otros, o existe demasiada competencia como para ello?
Lo bueno de nuestro trabajo es que todo se ve, no hay trucos escondidos; cualquiera es tu maestro, aunque él no quiera. Pero sí, hay buena relación y solemos compartir las experiencias.
 
Se dice que para innovar es importante fijarse en las cosas cotidianas. El humor es una de ellas, quizá de las más importantes. ¿Qué lecciones puede sacar una empresa del humor?
La que considero más importante es que el humor es una cualidad de las personas sanas y capaces de superar dificultades. Si el humor desaparece de una empresa estaríamos ante una señal de alarma.
 
En su columna toca temas de actualidad, y sus críticas muchas veces las protagoniza la economía. ¿Cuáles son para usted el mayor la principal virtud y el principal defecto de las empresas en la actualidad?
El mayor defecto es creerse microcosmos alejados del mundo. La principal virtud es permitir a las personas el desarrollo de su actividad profesional permitiendo la convivencia con otros trabajadores.
 
¿Qué primer paso deberían dar los que manejan la economía para comenzar a salvarse de su ironía?
No poner precio al dinero.
 
¿Qué le ha hecho más gracia en 2011?
Lo perdidos que estamos con tantos GPS, satélites y guías.
 
 
FRASES DESTACADAS:
 
“Mantener el optimismo pasa por no dar el poder a nada ni nadie que no seas tú”
 
“Nos estamos pasando de frenada. Sería saludable descansar del mundo de Internet”
 
“La imaginación es el motor de mi trabajo, viajo mucho estando quieto”
 
 
EL PERFIL:
 
Óscar Terol es un humorista donostiarra de 42 años que ha trabajado en muy diversos ámbitos: radio, actor (en televisión, cine y teatro), presentador de programas televisivos y escritor (de guiones, prensa, libros y weblogs).
 
Fue el programa Vaya semanita de ETB el que le lanzó a la fama, pasando a ser uno de los rostros más conocidos de la televisión vasca. En él trabajó como presentador, actor y guionista. El programa alcanzó gran popularidad en toda España por sus abundantes apariciones en los zappings y en vídeos de Internet, lo que le catapultó a la televisión de difusión nacional, si bien después siguió trabajando en distintos programas de ETB.
 
También ha tenido éxito editorial. Ha sido guionista de numerosos programas de humor, y ha publicado Todos nacemos vascos (2005) Ponga un vasco en su vida (2006), o La era del estreñimiento (2007), trasladando al papel el humor que tanto éxito les diera en la televisión vasca. Posteriormente (2009) escribió Técnicas de la mujer vasca para la doma y monta de maridos, siguiendo el mismo estilo fresco y desenfadado.
 
De su última obra El vasco que no comía demasiado, publicada recientemente, habla en esta entrevista, en lo que supone su primera incursión en la novela.
 
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