Portada www.ibermatica.com OFICINA DE PRENSA    Entrevistas CONTACTO
Jueves, 24 de Mayo de 2012
Herramientas Personales

Tortell Poltrona: “Esta crisis es una bendición divina. El mundo no puede permitirse el lujo de que sigamos pateando mares y montañas”

Payasos sin Fronteras se fundó en 1993, cuando un colectivo de educadores que desarrollaba un programa de educación para la paz en escuelas de Cataluña invitó al artista Tortell Poltrona a actuar en un campo de refugiados de Croacia. Tras esta experiencia, en la que se demostró la utilidad de las actividades artísticas y socio-educativas para mejorar la situación psicológica de poblaciones postconflicto (especialmente de los niños), se establecieron las bases para la constitución de la entidad. Éste es el punto de partida de una organización que desde entonces no ha dejado de llevar la sonrisa a los países más castigados del planeta, en cientos de misiones, “con la ilusión de que algún día esta ONG ya no haga falta en el planeta”, afirma Tortell.

Tortell Poltrona: “Esta crisis es una bendición divina. El mundo no puede permitirse el lujo de que sigamos pateando mares y montañas”

El payaso Tortell Poltrona

Junio, 2011

 
Tortell Poltrona. Payaso y presidente de Payasos Sin Fronteras
 
¿El humor es universal o varía en función del país, la religión, la cultura…? ¿Adaptan sus actuaciones dependiendo de cada tipo de público?
Sí que lo es, y por eso el circo es también un arte universal, donde los malabaristas, trapecistas y funambulistas desafían las leyes de la física. Hay una comicidad más concreta que habla de sexo, religión o política, que la usan mucho los humoristas, pero ahí no entramos los payasos. Aunque sí que hay características, sobre todo religiosas, que nos imponen también a nosotros tener una cierta sensibilidad a la hora de presentar los espectáculos en determinadas zonas.
 
¿Han cambiado mucho el humor y sus actuaciones con el paso de los años?
No demasiado. El primer payaso que se conoce con nombre propio era un pigmeo llamado Denga que hacía reír a su faraón y que está criptografiado en la pirámide de Tebas. Estoy convencido de que Jesucristo vio a dos tipos con los mofletes hinchados haciendo el número clásico de apretárselos para lanzarse agua desde la boca.
 
Entonces, ¿no es tan necesario innovar en este mundo?
Sí que lo es, porque si no innovas no generas. Para hacer reír también es necesario innovar. En un gag que hiciste ayer, sin innovación, este gag hoy carece de sentido. Los humanos hemos crecido y evolucionado porque somos capaces de equivocarnos y reconocer nuestras equivocaciones.
 
¿Hacia dónde cree que está evolucionando el humor?
Estoy un poco anonadado con el cambio que ha hecho la humanidad desde la aparición de los medios audiovisuales en general. Cuando yo nací no había televisión ni plástico, formo parte de los últimos Homo Sapiens, porque los que hay ahora son Homo Videns, que lo han visto todo. Y claro, es que un niño de tres años ya ha visto más cosas que mi abuelo, vamos a ver qué evolución tiene esto. Espero que sea para bien.
 
¿Hasta qué punto es importante la formación en su profesión?
Es muy importante, por ejemplo, en el plano físico. Hay que hacer gimnasia, pilates y esas cosas porque cuanta más elasticidad y forma física tengas las actuaciones serán más espectaculares. Pero también hay que saber de química, física, tecnología, danza, música… todo sirve para poder hacer este oficio.
 
¿Toman ideas unos payasos de otros?
Nos copiamos mucho, claro que sí. Nos robamos. 
 
Pero cada uno deberá mantener también su estilo personal…
Sí, aunque hay gente que no tiene escrúpulos. Pero sí que pienso que hay mucho que aprender y donde inspirarse. Por ejemplo todo el legado que nos ha dejado el cine cómico, cuyos actores en realidad eran payasos que antes trabajaban en circos. Es lo más antiguo a lo que podemos acceder, pero son grandes maestros que seguro que inspiran. Cuando ves a un payaso dices “éste es más Chaplin que Keaton”.
 
¿Existe mucha competencia entre payasos?
Sí, estamos en el libre mercado, pero es algo que nos hace crecer.
 
¿Cuál es la situación más dura que se ha encontrado en su labor con Payasos sin Fronteras?
Llevo treinta misiones, así que han sido muchas. Fuimos a Colombia a actuar a un pueblo en el que la semana anterior habían asesinado a todos los hombres. Sólo quedaban niños y mujeres. Éramos muy pocos y en ese lugar corríamos peligro, pero finalmente llegamos. La soledad de ser el único varón de todo el pueblo, sumado al hecho de que el resto hubiesen desaparecido hace tan poco tiempo, fue terriblemente impactante.
 
¿Cómo actúan en esos casos? ¿Pueden llegar a acostumbrarse a tener frente a ustedes esas situaciones trágicas de ese nivel, abstraerse y poder hacer escenas humorísticas?
Sí, somos profesionales y nos dedicamos a esto. Nos ponemos la nariz y nos olvidamos. Y hemos aprendido muchas cosas. En Croacia nos obligaron a ir a una escuela de ultras croatas a punta de pistola. Cada vez que nos íbamos y pasábamos por el check point les decíamos bromeando que nos dirigíamos a trabajar para los bosnios, y nos contestaban que a los niños bosnios los tenían ellos. Ahí aprendes que los niños no tienen la culpa de que los mayores seamos unos insensatos. Por eso cuando vamos a trabajar a Palestina también actuamos para los niños israelíes.
 
¿En alguna ocasión no han conseguido sacar la sonrisa a un niño? 
Nunca. Siempre hemos ganado, aún en situaciones como las de Colombia.
 
¿Existe alguna fórmula para ser optimista y no perder el sentido del humor cuando todas te vienen mal dadas?
Sí. Ponerse una nariz de payaso, mirarse en el espejo y decirte, “chico, has nacido sin proponértelo y te han dado un montón de horas para que hagas con ellas lo que te dé la gana, por lo tanto, eres muy afortunado”.
 
¿El mundo de los payasos también ha acusado la crisis?
Esta crisis es una bendición divina. El mundo no puede permitirse el lujo de que unos seres llamados inteligentes estén pateando mares y montañas. Luego habrá que ver cómo nos lo montamos para saber vivir con menos cosas. Hay que hacer más el amor y ver menos el cine, por ejemplo.
 
¿Ustedes qué medidas han tomado?
Trabajar más y más intensamente. Yo soy empresario y tengo un circo con entre 20 y 40 profesionales. Tenemos que arrimar más el hombro porque en estos momentos lo necesario es facturar para no morir, por si algún día se sale del atolladero, para que te encuentren vivo y no muerto.
 
¿Cuál es su teoría para solucionar la crisis, ya no en su ámbito, sino en general?
Todo el mundo a trabajar cinco horas en lugar de doce para que haya trabajo para todos, y compartir, es decir, no tener las cosas de forma individual sino de forma colectiva. Tendríamos todos casa en el mar, en la montaña, esquís para ir a la nieve…
 
¿La profesión de payaso sigue igual de valorada que antes o ha disminuido su reputación? ¿Siguen saliendo nuevos payasos?
Creo que estamos bien. Yo mismo tengo un hijo que se dedica a esto y una nieta que con cinco años ya está empezando también. Mientras el ser humano sea humano el payaso no va a desaparecer, porque aunque la gente no lo sepa, todos somos payasos. Cuando actuamos, los espectadores tienen en frente de la pista un solo payaso, yo en cambio tengo delante un montón.
 
¿Cuál considera su mayor éxito profesional?
Mi mayor éxito, el que más me satisface y me encanta, es ver reír a la gente. La pasión de mi vida es ser feliz haciéndolo. Quizá los niños de entre 7 y 10 años son con los que más me gusta trabajar. Cuando era joven y actuaba para universitarios, pero en el teatro me encontraba con niños, le decía al manager “usted es imbécil, quiero trabajar para gente inteligente y me hace trabajar para niños”. Ahora he cambiado absolutamente. Cuando voy a un teatro y no hay niños le digo al manager “usted es imbécil, me hace trabajar para gente que no es inteligente”. Tengo también muchos y buenos recuerdos de haber trabajado con gente como Dimitri, Popov… También tengo la Medalla de Oro al mérito cultural, político y deportivo de Palestina que me entregó el propio Arafat… Hay muchos éxitos profesionales.
 
¿Y algún fracaso?
Cada día tengo un par de fracasos, pero son los que me estimulan para levantarme al día siguiente e intentar no fracasar. Fracasar es muy humano.
 
¿Tiene solución el mundo? ¿Espera que llegue el día en el que Payasos sin Fronteras no haga falta en el planeta?
Ésta sería nuestra gran ilusión. Nunca ha habido tanta gente preparada, con acceso a la cultura, al conocimiento, a la tecnología, y por tanto no hemos sido nunca tantos y tan bien preparados para hacerlo posible. Debemos perder el miedo a organizarnos, a no dejar que nos dirijan y que los grandes intereses económicos de unos pocos nos manden y nos guíen. Hay que recordarles que ellos también se van a morir y que sólo se van a llevar lo que dejen.
 
Acciones de Documento