Baloncesto: Descifrando el enigma de la innovación
El baloncesto nos va a proveer de un nuevo lenguaje para conceptualizar nuestros procesos de innovación. Su gran virtualidad radica en ser un sistema de innovación tremendamente tensionado en el espacio y en el tiempo, lo que permite contar con un laboratorio en el que observar, a modo de microcosmos, qué es lo que pasa con un sistema de innovación puesto al límite, ahí en donde la excusa del espacio y del tiempo no existe.
Junio, 2011
José
Luis Larrea. Presidente
de Ibermática
1.
Innovación,
baloncesto y códigos
El
juego en sí del baloncesto y lo que rodea al juego, tanto desde su
concepción inicial en un entorno educativo, como en su proyección
económica y social en el mundo del ocio y la diversión, nos presenta
una realidad rica en matices y de la que podemos extraer múltiples
enseñanzas. En realidad cualquier tipo de juego está orientado hacia la
creación de un nuevo escenario, de un cambio en las condiciones de
partida, de un objetivo que alcanzar. Muchas veces sorprendiendo a otro
jugador, otras sorprendiéndonos a nosotros mismos. Todos los juegos,
del tipo que sean, podemos englobarlos dentro de ese espacio de
sorpresa, inspiración y ejecución que conlleva todo proceso de
innovación. Si los juegos son buenos ejemplos de innovación, la
siguiente pregunta que nos podemos hacer es en qué medida nos pueden
servir para aprender sobre la innovación. Necesitamos desentrañar el
enigma de la innovación.
El
baloncesto, como sistema de innovación, nos va a proveer de un nuevo
lenguaje para conceptualizar nuestros procesos de innovación. Un
lenguaje diferente al que estamos acostumbrados, que nos permitirá
pensar y nos dará pistas para actuar. Su gran virtualidad radica en ser
un sistema de innovación tremendamente tensionado en el espacio y en el
tiempo, lo que permite contar con un laboratorio en el que observar, a
modo de microcosmos, qué es lo que pasa con un sistema de innovación
puesto al límite, ahí en donde la excusa del espacio y del tiempo no
existe.
2.
Baloncesto, concepto y lenguaje
El
concepto más simple de innovación nos diría que ésta consiste en
cambiar, en introducir novedades. Esta definición es tan básica que nos
sorprende con decirlo todo y nos amenaza con no decirnos nada. Pues
bien, el balón ha salido hacia las alturas, los dos pivots más altos, o
mejor que llegan más alto, saltan para conseguir la primera posesión.
La primera posesión… ¿para qué?. Para innovar. El juego de baloncesto
busca en cada jugada cambiar el orden de las cosas: encestar. Cada
jugada del juego busca sorprender al equipo contrario y conseguir una
canasta. Cada jugada se conceptúa así como una innovación, o mejor como
un proceso de innovación. Esta innovación aparece no como un suceso
aislado, que se produce una sola vez y ya está, sino como un proceso;
esto es, un conjunto de sucesos encadenados que tienen como resultado
un concepto de innovación sostenible en el tiempo y competitiva. En
realidad el juego se desarrolla en un espacio de competencia. Ese
espacio hace que el sistema se ponga al límite y, al operar en
competencia tan directa, sus efectos se perciben claramente. El
baloncesto genera innovación compitiendo, y nos enseña que la
competencia es base en la innovación, está en el mismo concepto.
Cualquier proceso creativo e innovador nace de competir, de competir
contra otros o contra nosotros mismos, pero de competir para cambiar el
statu quo. Esto se ve de manera especial en el juego, en cualquier tipo
de juego.
El
partido ha comenzando y hay dos equipos frente a frente, compitiendo.
Innovando en cada jugada de ataque y en cada jugada de defensa. La
innovación necesita de la competencia, de la percepción de necesidad de
cambio para sorprender al contrario. El juego sigue, la necesidad de la
siguiente innovación está en la siguiente jugada, para atacar o para
defender. No vale con una jugada genial, nos espera la siguiente. Esa
necesidad de innovación sostenible es más evidente cuando se confronta
con un tercero. El equipo contrario juega, se mueve y aprieta, y lo
hace jugada tras jugada. Llegamos así a comprender que el reto es la
innovación sostenible en el tiempo y competitiva, porque es la que gana
partidos y es el resultado de la competencia y el compromiso, situado
en el tiempo y en relación con los demás. Pasar de entender la
innovación como suceso a verla como un proceso, es el verdadero cambio
de paradigma en el que ya vive el baloncesto.
Hemos
dado el primer paso para aproximarnos al baloncesto como juego cuya
razón de ser es innovar, con un lenguaje propio de gestos y palabras
que nos puede ayudar a descifrar el enigma de la innovación. Pero
necesitamos profundizar en las enseñanzas del juego, pues son muchas
las cosas que han pasado en el partido. Para empezar, la innovación
sostenible competitiva se inspira en un decálogo de principios
inspiradores presentes en el juego.
3.
Principios y bases del juego
El
primer principio nos dice que la innovación es un concepto abierto. El
juego es un ejemplo de sistema abierto. Este carácter abierto del juego
ha proyectado, sin lugar a dudas, una verdadera pasión por hacerlo
evolucionar en sus reglas y sistemas. El primer partido se jugó con dos
equipos de nueve jugadores. Después pasaron a siete, para terminar en
cinco. Los tiempos de juego evolucionan también a partir de las dos
partes de quince minutos con cinco de descanso. No es un capricho, sin
más, es la evolución permanente del juego y de todo lo que lo
rodea.
El
segundo principio de la innovación nos dice que ésta supone
transformación, implica ruptura. Surge de la confrontación, por eso
cada jugada nos sitúa frente al equipo contrario para confrontarlo.
Cada jugada busca romper el sistema defensivo del contrario cuando
estamos atacando y busca romper su sistema de ataque cuando estamos
defendiendo. Sin ruptura no habría canasta y la jugada se nos volvería
en contra.
El
tercer principio de la innovación pone de manifiesto que la innovación
busca resultados en el tiempo, necesita medirse. Medirla para
gestionarla, para darle utilidad. Esa canasta que entra son dos puntos,
o tres, o tan solo uno… Suben los puntos al marcador, se suceden las
jugadas y cada una de ellas no vale lo mismo. El partido transcurre y
en cada momento un vistazo al marcador nos dice cómo de útil está
resultando nuestro proceso de innovación.
El
cuarto principio de la innovación distingue entre la calidad y la
innovación. La excelencia en el juego necesita de las dos. El equipo
debe ser capaz de hacer todas las jugadas del libro de sistemas, las de
ataque y las de defensa, pero con eso no vale. Además debe ser capaz de
hacer cosas distintas a los demás para sorprender. Un equipo que mueve
bien la pelota y se sabe los sistemas, puede convertirse en previsible.
Y si es previsible no generará rupturas, y sin ruptura no habrá
innovación, no habrá canasta, el tiempo de la jugada habrá pasado y la
innovación no se habrá producido. El equipo de baloncesto vive de hacer
de la calidad la base sobre la que construir la
innovación.
El
quinto principio de la innovación pone en valor la diversidad. El
equipo de baloncesto necesita poner en valor la diversidad. Cada
jugador aporta algo distinto y pone su plus de diferenciación al
servicio del sistema. En este sentido, el baloncesto es un gran ejemplo
de sumar lo diferente, las especialidades de cada jugador, base, pívot,
alero… y las habilidades naturales que a cada uno
acompañan.
El
sexto principio de la innovación nos hace volver la vista a la
naturaleza y su entorno como fuente permanente de inspiración. La
propia concepción del juego de baloncesto nace del recuerdo de un juego
que consistía en alcanzar un objeto lejano con una piedra. Cualquier
juego hunde sus raíces en los albores de la especie. La realidad nos
dice que la innovación surge de observar la naturaleza y el entorno,
está en clave de evolución de la especie y está dispuesta a enseñarnos
nuevos horizontes cada día.
El
séptimo principio se aplica en la propia esencia del juego. Se trata de
entender que la innovación se produce en todos los ámbitos de
actividad, no sólo cuando se está diseñando un nuevo producto. Cada
jugada que culmina en una canasta o en un contraataque no es algo
material que nos llevamos a casa. Queda en el recuerdo del juego, en el
mundo de las emociones.
El
octavo principio de la innovación pone a la persona en el centro de
todo proceso innovador. Esto se percibe de manera especial en el
baloncesto, donde la incidencia de la persona como agente básico de
innovación aparece como algo obvio. En cada momento la cancha se
ilumina, el público anima, las canastas asisten impasibles al
espectáculo, el tiempo pasa en los cronómetros y un balón va de un lado
para otro… y, sobre todo, cinco jugadores por equipo se mueven,
forcejean, bloquean, saltan… interpretan un ballet que busca colar un
balón por un aro, encestar una canasta. Las personas en el centro de
todo. Sin ellas no hay juego.
El
noveno principio inspirador nos dice que el tamaño no es excusa para no
innovar. La innovación es más una cuestión del ser, del sentirse, que
del tener. Metidos en el mismo campo, con las mismas reglas para todos,
los procesos de innovación se sucederán uno tras otro, grandes y
pequeños. Para algunas jugadas mejor los pivots, para otras los aleros…
ahora es el base el que toma el mando y hace la interpretación de la
jugada.
Finalmente
el décimo principio pone el énfasis en los valores. No se puede
entender un equipo de baloncesto como intérpretes cualificados de un
proceso de innovación sostenible y competitiva, sin tener en cuenta los
valores del equipo. Esos valores, creados año tras año a pesar de los
cambios de personas en cada temporada, van configurando su leyenda, lo
que les hace diferentes, lo que les hace ganadores.
4.
Leyes para gobernar el sistema y el juego
Después
de contrastar los conceptos y los principios básicos veremos a
continuación las leyes que gobiernan los procesos de innovación y su
proyección en el juego.
4.1.
Primera Ley: El Círculo de Leonardo
La
primera ley de la innovación dice que “Sólo se produce innovación
sostenible en el tiempo si equilibramos la creatividad y la
modelización sobre la base de los valores”.
De
hecho, la primera fase del proceso de innovación surge cuando nos
enfrentamos a lo desconocido, nuevos mundos sin referencias. Es el
semicírculo de la creatividad. Esta fase de la innovación nos exige
pasar los límites de lo conocido y adentrarnos en los nuevos
territorios. La poética de la frontera exterior es fundamental para
entender la innovación. No hay equipo de baloncesto que se desarrolle
como un sistema de innovación si sólo se mueve dentro del mundo de lo
conocido, si no se enfrenta a nuevos retos, nuevas situaciones, nuevos
descubrimientos. En realidad ese es el espacio natural con el que se
enfrenta en cada jugada: cruzar la frontera de lo mío, mi equipo, que
es lo conocido y enfrentarme al territorio de lo desconocido, el equipo
contrario. Esto se hace antes de cada partido, donde la preparación es
fundamental, pero sobre todo se hace en cada jugada a lo largo del
partido. De manera que lo que vemos después de sorprendernos lo
comprendamos, lo aprendamos y lo modelicemos. Es la segunda parte del
proceso de innovación: la modelización. El mundo de lo conocido, de
nuestros sistemas de juego, donde damos el sentido práctico a la
creatividad, a lo que hemos visto de nuevo y lo convertimos en un
elemento útil al servicio del sistema de innovación. La modelización es
la lógica de los sistemas de juego.
Cada
ejercicio, cada jugada, es nueva y presenta una nueva frontera. Cuantos
más círculos distintos hayamos completado más habremos modelizado y
estaremos más preparados para cruzar nuevas fronteras. Llegará un día
en el que el dominio de nuestras fronteras sea tal que invada y agote
el territorio del contrario y ese día habremos ganado el partido. Este
proceso permanente es inherente al juego y permite superar el debate de
los sistemas frente a la creatividad, pues los dos se necesitan, forman
parte del mismo proceso de innovación.
4.2.
Segunda Ley: El Combate
La
segunda ley de la innovación señala que “la innovación sostenible exige
gestionar las contradicciones inherentes a todo proceso
evolutivo”.
En este
sentido el juego del baloncesto, como todo juego de competencia, vive
de gestionar la principal contradicción que es vencer al contrario. Así
cada proceso de innovación, cada jugada, se enfrenta con otra, la del
contrario, que debe superar. Pero, sobre todo, nos enfrenta con
nosotros mismos. Me parece más interesante asumir que el principal
contrincante que tenemos que superar en cualquier proceso de innovación
está en nosotros mismos. No hay sistema de innovación que sea capaz de
ganar las fronteras exteriores si no ha sido capaz de ganar sus propios
espacios internos. Y ahí, en ese campo de gestionar contradicciones, la
primera ley nos ha planteado la contradicción del Círculo de Leonardo
entre creatividad y modelización.
Evolucionamos
en la medida en que cualquier proceso que comienza como confrontación y
proyecta contradicciones, es capaz de ver complementariedad donde otros
ven sólo enfrentamiento. La tarea no es fácil, por eso la labor del
entrenador es fundamental. Esta gestión de contradicciones en nuestras
fronteras interiores no sólo afectan a la contradicción creatividad –
modelización, sino a múltiples facetas del juego. Una de ellas por lo
determinante para lo que luego pasa en la pista, es la que se deriva de
las características del juego en competencia y es la contradicción
Ataque – Defensa. Llamaremos a este círculo el círculo del juego. El
baloncesto como sistema de innovación ha tenido que evolucionar en la
gestión de esta doble faceta del juego: la defensa y el ataque. Los
equipos ganadores han tenido que interiorizar que las dos facetas son
complementarias e igual de importantes. Los jugadores con talento, más
dados a proyectarse en el ataque, en el que brilla con especial fuerza
la creatividad, han tenido que incorporarse también a las filas de los
defensores, en donde brillan la modelización y los sistemas. El campo
de la inspiración (creatividad, ataque) y el campo de la transpiración
(modelización, defensa) son dos caras de la misma moneda. El juego se
construye en el equilibrio de las dos facetas, en la lectura
inteligente de lo que pasa en cada momento para activar los procesos
más adecuados. Defensa, ataque, transición, control del tiempo de
juego… cada partido, cada jugada exige gestionar esa
contradicción.
Hay
muchos más círculos y confrontaciones que superar. El juego nos permite
ver con bastante nitidez la trascendencia del círculo del liderazgo,
que se juega en el eje Confianza – Convicción, la diversidad –
uniformidad, el corazón – razón, lo pequeño – grande, juventud –
madurez y nuevo – viejo. Estas y otras contradicciones son el día a día
de los sistemas de innovación. El baloncesto nos enseña en qué medida,
las contradicciones transformadas en oportunidades de
complementariedad, a través de la cooperación que surge cuando el bien
mayor está en juego, hacen que un equipo sea ganador, partido a
partido, jugada a jugada, o deambule por la cancha como alma en pena,
asomen los conflictos y las individualidades a destiempo y se
conviertan en un ejemplo de lo que no debe ser un sistema de
innovación.
4.3.
Tercera Ley: La
Aventura
La
Tercera Ley de la Innovación se enuncia de la siguiente manera: “Una
organización, cualquier organización, que aspira a ser innovadora debe
aprender a convivir con más preguntas que respuestas, y a disfrutar con
ello”.
Si algo
tiene un juego es que de manera natural plantea más preguntas que
respuestas, tiene sentido en la medida en que plantea un nuevo reto.
Esto ocurre con todos los juegos y de forma clara en aquellos en que
competimos con otros. El baloncesto vive en ese espacio de aventura. En
realidad cada jugada de ataque nace de los sistemas conocidos que
responden a preguntas ya respondidas, trabajadas en horas y horas de
entrenamientos. Los sistemas nos enseñan el mejor camino, la mejor
manera de ejecutar las lecciones derivadas de la experiencia, analizada
y modelizada, transformada en respuestas. Pero el balón está en juego,
atacamos la defensa contraria y nos enfrentamos a nuevas preguntas, las
que surgen de la acción del contrario. Preguntas y respuestas están en
la esencia del juego. Lo mismo ocurre al defender. Ahí la pregunta
impacta con toda su crudeza. El equipo contrario avanza con el balón,
el movimiento se propaga sobre la cancha. ¿Cuál será su jugada? ¿Cuál
será el movimiento? ¿Cómo responderemos a las preguntas? Los sistemas
de defensa, trabajados hasta la extenuación, se enfrentan al ataque
contrario que plantea preguntas y más preguntas.
En esto
consiste el juego, en ir y venir, jugada a jugada, a lo largo del
partido. Los entrenamientos forman parte de la aventura de convivir con
más preguntas que respuestas. Son la pieza clave, donde se forma el
carácter del equipo, donde se ejercita el músculo y la inteligencia. No
tienen el atractivo del partido, en el que los focos llenan de luz el
escenario, las cámaras convierten a los jugadores en héroes o villanos,
y el equipo se proyecta en su esplendor o se desploma en su miseria.
Pero lo que ocurre en el partido no deja de ser una anécdota, lo
importante es lo que pasa en el día a día. Dicen los entrenadores que
se juega como se entrena. Pues bien, esta es una buena lección para
cualquier organización.
4.4.
Cuarta Ley: El Desafío
La
Cuarta Ley de la Innovación nos dice que “El desafío de la innovación
está en el universo de los valores marginales”.
En
realidad, cada jugada se gana en el universo de los valores marginales.
Cuando hay competencia, verdadera confrontación e igualdad con los
contrarios, son los detalles los que marcan la diferencia entre ganar o
perder. Esas milésimas antes para llegar a tu posición en el perímetro,
recibir el balón del compañero, elevarse y encestar. Esas milésimas que
robas al tiempo del contrario son la diferencia entre hacer un tiro
cómodo o incómodo, encestar o fallar. El juego del baloncesto en cada
jugada, vive en ese universo de valores marginales. El equipo vive de
eso, de bordear la frontera del sistema conocido para generar esa
pequeña ventaja competitiva de posición y tiempo que permita al jugador
ejecutar la jugada.
Ese
espacio marginal se puede crear por la actuación de un solo jugador,
fiándolo a su inspiración, pero eso es difícilmente repetible. El
universo de los valores marginales se gana entre todos los componentes
del equipo.
La
final de la liga se está jugando al mejor de cinco partidos entre el
TAU – Baskonia y el Real Madrid. Después de una campaña regular, todo
lo bueno realizado sólo sirve para llegar hasta aquí. Todo el trabajo
del año sometido a un último acto: el desafío concentrado en la última
serie. Se juega el primer partido, el resultado TAU 82 – Real Madrid
84. El segundo partido arroja el siguiente marcador: TAU 74 – Real
Madrid 68. El tercer partido con un resultado de Real Madrid 82 – TAU
83 sigue en la línea de igualdad de fuerzas. El cuarto partido termina
con un resultado de Real Madrid 88 – TAU 82 y nos vemos abocados al
definitivo quinto partido. Hasta ese momento, sumando las anotaciones
el resultado acumulado es de TAU 321 – Real Madrid 322. Parece
imposible una igualdad tan grande en un juego tan repleto de
posibilidades. Pues bien. La liga regular, las eliminatorias por el
play-off para el título, los cuatro primeros partidos de la serie final
y no hemos conseguido nada… El quinto partido, el definitivo y el
marcador parece, finalmente, arrojar un desequilibrio. Faltan 50
segundos para el final y el marcador parece contundente, el
TAU-Baskonia gana 69-61. Sin embargo el resultado final es de 69-70, a
favor del Real Madrid.
Si al
comienzo de la liga con 34 partidos por delante, más los partidos de
cuartos de final y de semifinal de lucha por el título, más los cuatro
partidos previos de la final, más los 39 minutos y 10 segundos del
último partido para llegar con una ventaja de 8 puntos, nos hubiesen
dicho que perderíamos el partido nos parecería
increíble.
Los
valores marginales representados por esos cincuenta segundos que
faltan, que parece tan poco, tan fácil de gestionar o tan difícil de
que me puedan sorprender, son en realidad un universo de oportunidades.
Son la diferencia entre ganar o perder.
Tres
años después…
4.5.
Quinta Ley: El Tiempo
La
Quinta Ley de la Innovación señala que “La innovación no permite
especular con el tiempo para perderlo, pues la gestión del tiempo es
fundamental para garantizar la innovación”.
El
juego del baloncesto nos resulta tremendamente sugerente como sistema
de innovación, entre otras cosas, porque es un ejemplo de la tremenda
importancia del factor tiempo. En el caso de algunos deportes, su
ejecución en un tiempo determinado pone al sistema bajo unas
condiciones de intensidad que permiten observar con mucha claridad los
aspectos más relevantes del mismo. Por eso resultan muchas veces tan
atractivos para buscar comparaciones con las organizaciones en las que,
en general, el tiempo se diluye sin gestionarlo.
El
baloncesto es un juego en el que la relevancia del factor tiempo es
determinante. En realidad el tiempo es un jugador más del equipo.
Podríamos decir que el baloncesto no es un juego de cinco contra cinco,
en realidad hay un jugador más, el tiempo, que juega con los dos
equipos. Los 24 segundos se agotan, los sistemas empleados no han
culminado en la canasta y el compañero tiempo te dice que te la juegues
porque se acaba. Esta importancia del tiempo es tan grande que lleva a
cambiar la propia morfología de los jugadores. No vale con ser fuerte y
alto, además hay que ser rápido, ser capaz de moverse jugada a jugada
para atacar (como máximo en 24 segundos) y para defender, y además
hacerlo con otros, tus compañeros que necesitan de tu presencia para
completar el sistema. Un jugador que no llega, sólo uno, y el sistema
fracasa, la innovación queda en manos del
contrario.
5.
Sistemas y modelos. Baloncesto y Modelo de Innovación
Competitiva
El
lenguaje del baloncesto tiene una gran capacidad de sugerir, de manera
simple y clara, los aspectos más relevantes de cualquier proceso de
innovación. Nos va a servir también para presentar el juego como
sistema de innovación modelizado a partir del Modelo de Innovación
Competitiva (MIC), que se construye sobre los siguientes
elementos.
5.1.
Los valores
Los
valores constituyen la base sobre la que construir cualquier sistema de
innovación. Los valores configuran el carácter del equipo y es lo que
marca la mayor diferencia en términos de competitividad. Es lo más
difícil de copiar, pero también lo más difícil de construir. Es
relativamente fácil percibir la existencia de estos valores en un
sistema cuando existen. Hay equipos marcados por ese carácter, a pesar
de que cada temporada cambien los jugadores, incluso el entrenador… El
equipo no es sólo el entrenador y los jugadores. Además están los
gestores y los aficionados, que contribuyen a configurar ese carácter,
a configurar esos valores. Pero este carácter no se forja de pronto, no
se puede comprar, se construye día a día, en los pequeños y en los
grandes detalles. Es fácil de percibir cuando se ve, pero en su
sencillez está su grandeza. Qué claro parece y que simple de ver, pero
qué difícil de hacer.
5.2.
Tecnología, conocimiento y cooperación (los tres
motores)
La
innovación sobre la base de los valores surge de la confluencia de tres
elementos básicos: Tecnología, Conocimiento y Cooperación. Estos tres
motores son claves también en el baloncesto como sistema de innovación.
El baloncesto no es un sistema de innovación intensivo en el uso de
tecnología. De hecho, esto ocurre en cualquier actividad deportiva en
la que es capital el valor de la persona por encima de otros aspectos.
En el otro extremo tendríamos actividades como las competiciones de
Fórmula I, en las que la tecnología sería un elemento clave. El
baloncesto es un juego en el que la tecnología se ha volcado aportando
datos y estadísticas de manera permanente. La velocidad y la riqueza
con la que esta información se pone en manos de los protagonistas del
juego es relevante. Así, la tecnología adquiere un papel cada vez mayor
en el análisis de los sistemas de juego y de los escenarios con los que
nos vamos a encontrar en la competición. El uso permanente del
“scouting” permite trabajar todas las facetas al servicio del
juego.
El
segundo motor de la innovación es el Conocimiento, y éste si es un
motor básico del baloncesto. El sistema de innovación que es el
baloncesto necesita que el conocimiento pase de ser un conocimiento
tácito, que tiene cada jugador y cada componente del equipo –lo que
sabe hacer- a ser un conocimiento explícito, conocido y al servicio de
todos. El equipo necesita saber lo que sabemos, todo lo que sabemos.
Pero, además de convertir el conocimiento tácito en explícito, necesita
convertir el conocimiento individual en colectivo. Saber lo que sabemos
es una cosa y ponerlo al servicio del colectivo es otra. Para ello,
necesitamos que la información fluya, de manera que cada persona sepa
lo que se espera de ella y de los demás, que la formación se
intensifique más allá de lo que ya sabemos y la comunicación se
convierta en un vehículo natural para compartir. La importancia de los
sistemas de juego en este proceso es evidente. Los entrenamientos son
el lugar en el que día a día se articula el proceso de gestión del
conocimiento. Un proceso permanente, que demanda la implicación de
todos y su esfuerzo.
El
tercer motor de la innovación es la Cooperación. Destacar este motor en
el juego del baloncesto, puede resultar superfluo por lo obvio. De
hecho, cada jugada, cada innovación, nace sólo y tan solo si hay
cooperación. Para poner el balón en juego hacen falta dos personas.
Este juego es un juego de equipo, que además se juega al límite por la
presión del tiempo. La fuerza de la cooperación se proyecta en la idea
de equipo. Todo el sistema de innovación descansa sobre eso. La
cooperación hace crecer al equipo y en su crecimiento se desarrollan
las oportunidades de los individuos. El juego de baloncesto lo pone
blanco sobre negro. No hay buenos resultados sin equipo. Un individuo
“gana un partido”. Un equipo aspira a ganarlos
todos.
5.3.
La cadena de valor de la innovación (el círculo
virtuoso)
Estos
tres motores, sobre la base de unos valores, se presentan sobre la
cancha de juego y se enfrentan a una jugada, un proceso de innovación.
La pelota está en las manos del base, los jugadores se mueven en la
cancha y el sistema empieza a operar para generar una canasta. La
cadena de valor de la innovación empieza a
producirse.
El
primer paso es percibir el entorno. El jugador observa al equipo
contrario, su disposición en la cancha y al equipo propio y la
ejecución de los movimientos previstos. Además, el compañero
omnipresente, el tiempo… Si no es capaz de percibir todo eso, no se
producirá innovación.
El
segundo paso es disponer de un proyecto compartido y generar confianza,
lo que le permite al jugador confiar en los demás, empezando por el
sistema a emplear y en la ejecución que de él harán sus compañeros. No
le hace falta mirar a cada uno para saber dónde está; cuando llegue el
momento, el balón llegará a sus manos en el lugar preciso y en el
momento preciso para encestar. Una mirada y el sistema se
desencadena.
El
tercer paso es la capacidad de dar respuestas rápidas y creativas, lo
que es consustancial al juego. Todo el juego se basa en estar preparado
para sorprender, para invadir el territorio del equipo contrario y
conquistar sus fronteras.
Para
eso, hay que sorprender con creatividad –en los sistemas y en las
personas- y con rapidez. Otra vez el tiempo.
El
cuarto paso consiste en implantar y desarrollar la respuesta. Sabemos
lo que queremos hacer, sabemos el camino pero hay que recorrerlo. La
jugada sorprendente y rápida está preparada, mil veces ensayada e
interiorizada, tenemos la respuesta a la pregunta en ese momento del
juego. Sólo falta ejecutarla, superando las barreras que el contrario
nos pone, ejecutar la pieza de ballet, rodeado de músculos y fuerza,
que sólo pretenden obstaculizar. El jugador ha fintado, pasa el balón,
se lo devuelven, alguien bloquea al contrario y penetra, la defensa
contraria se abalanza sobre él y, en ese momento, en el aire, entre un
bosque de brazos y el embate de los cuerpos, el jugador ve al compañero
solo, fuera del perímetro de 6,25 metros. Allá va el balón. El
compañero solo, después de haber circulado dos veces por todo el
perímetro, recibe, se eleva, tira y encesta.
El
quinto paso es interiorizar, repetir y repartir el éxito. El juego es
muy generoso en la interiorización del éxito y también en la necesidad
de repetirlo. Después de una jugada viene otra, así hasta el final. Y
después vendrá otro partido. Por otra parte, es fundamental repartir el
éxito. La canasta de tres puntos fue de un jugador, pero el base marcó
la jugada, unos compañeros bloquearon y aclararon y quien había
penetrado le pasó el balón.
Por
último, el sexto paso es transmitir y vender el éxito fuera, lo cual en
el juego del baloncesto es bastante inmediato, pues el proceso de
innovación se produce a los ojos de todos. Y al terminar la jugada,
viene otra jugada y después otra. La cadena de valor se repite, no de
la misma manera, pero sí en los mismos pasos, generando un verdadero
círculo virtuoso de la innovación.
5.4.
El tiempo y la velocidad de innovación
Dadas
las condiciones del juego de baloncesto parece bastante obvio la
importancia del tiempo en el proceso de generación de la innovación, no
sólo porque existe un tiempo limitado para cada jugada, sino porque,
además, en ese tiempo disponible, la velocidad a la que somos capaces
de recorrer la cadena de valor es capital para sorprender al contrario.
Necesitamos incorporar dinamismo al proceso de la cadena de valor,
completar rápido el círculo para iniciar otro. Necesitaremos, también,
capturar el tiempo, pues a veces habrá que ralentizarlo para garantizar
el buen fin del proceso. En todo caso, la velocidad y el tiempo
aparecen determinando todas las jugadas.
5.5.
El liderazgo cooperativo
Por
último, el sistema de innovación necesita incorporar como pieza clave
para su funcionamiento el liderazgo. Un liderazgo que se construye
sobre valores, escucha y busca el consenso. Es el liderazgo que se
construye equilibrando la confianza y la convicción. En este juego
todos son líderes, pues en algún momento la decisión sobre el juego,
sobre lo que pasa, depende de él. Los sistemas se trabajan, aportan los
modelos de referencia, pero el juego exige de la participación de
todos: entrenadores, jugadores, directivos. De todos y cada uno de
ellos. En este juego el liderazgo es cosa de todos. Podrá parecer que
dirige el base y que ordena el entrenador; pero de pronto el sistema se
rompe, porque el fluir de lo que pretendo se corta por la acción del
contrario y en ese momento el balón está en manos de otro jugador que
asume responsabilidades y lidera el juego.
6.
Algunas claves del enigma: prejuicios, tiempo y
azar
Decíamos
al principio que la innovación tiene en el baloncesto un buen código
para descifrarla. Vemos así de manera diáfana algunos de los aspectos
que aparecen en todo sistema de innovación. De ellos me gustaría
destacar tres: el papel de los prejuicios, el papel del tiempo y el
papel del azar.
Uno de
los principales problemas para innovar: ser capaz de superar los
prejuicios. Pero esta amenaza la podemos convertir en oportunidad, pues
“los prejuicios de los demás son nuestra mejor oportunidad para
innovar”. Esto nos enseña también el juego del baloncesto. Dos equipos
frente a frente, con sus sistemas, sus capacidades y sus emociones, y
la necesidad imperiosa de sorprender para innovar. La clave para
sorprender está en analizar el comportamiento del equipo contrario,
ponernos en su lugar para evaluar su actitud hacia nosotros, sus
prejuicios. Prejuicios que nos respetan o que nos infravaloran,
prejuicios que debemos volver en su contra. Cuando piensen que no
correremos, volaremos, cuando crean que correremos, pararemos, cuando
nos esperen en el sistema A usaremos el B y así jugada tras jugada,
sorprendiendo.
Otra
lección importante del juego del baloncesto es la importancia del
tiempo. El dominio del tiempo es uno de los desafíos de la innovación y
es el principal desafío del juego. Las cosas pasan en un tiempo
determinado, ni más ni menos. El equipo juega con ese sexto jugador que
es el tiempo y que si no lo tienes en cuenta te fallará. No es algo
externo al sistema, forma parte del sistema y es uno de los principales
agentes de innovación. Para descifrar el enigma de la innovación, el
baloncesto nos dice que sentemos al tiempo a la mesa de nuestras
discusiones, que le demos un papel capital en la ejecución de nuestros
procesos, que lo escuchemos y lo comprendamos.
Por
último, otra lección importante del juego. En un sistema de innovación
el azar, la suerte, es la ley de la nueva frontera que está por
descubrir. Es una ley que todavía no comprendemos, pero está ahí. La
pregunta que nos debemos hacer siempre es si achacamos al azar la razón
de nuestra incompetencia, si dejamos al albur de la suerte las tareas
pendientes que no fuimos capaces de completar. El juego parece que nos
llevaría a elevar el azar a la categoría de jugador imprevisible. Sin
embargo el juego nos dice que el azar es la excusa que explica lo que
no hemos sido capaces de anticipar. La última jugada del partido, en el
último segundo, el balón vuela hacia el aro y no entra. Hemos perdido
el partido y el campeonato. ¡Qué mala suerte!. En realidad no es mala
suerte, simplemente no hemos hecho bien nuestro trabajo. En la medida
en que un sistema de innovación avanza, cruzando nuevas fronteras,
cosas que hasta entonces se le aparecían como casualidad le desvelan
sus leyes. El territorio nuevo conquistado va acorralando las
casualidades y las convierte en retos comprensibles y superables.
Siempre habrá nuevas fronteras, nuevas leyes por descubrir, nuevos
territorios a ganar al azar. El desafío consiste en que mi territorio
descubierto, mi espacio de innovación sea más amplio que el de mi
competidor. En ese momento, el contacto se produce en un territorio en
el que, lo que para mí es conocimiento, para el competidor es azar.
¿Tenemos dudas de quién encestará la canasta?
Estas
tres claves, prejuicios, tiempo y azar, son algunas de las lecciones
que se desprenden del juego, pero no son las únicas. El balón está en
el aire, el partido ha comenzado. Disfrute del juego, es el juego de la
innovación.
