Talento, espacio y progreso
La ciudad es el espacio ideal para la diversidad que propicia un sistema de innovación sostenible y competitivo
Julio, 2011
José
Luis Larrea.
Presidente
de Ibermática
Cada
día que pasa el discurso de la competitividad al servicio del progreso
económico y social pone más de relevancia la importancia de la persona,
desde el punto de vista de sus aptitudes y también de sus actitudes.
Parece un poco chocante que nos demos cuenta de esto de vez en cuando,
un poco como de moda, cuando siempre ha sido la referencia fundamental.
Somos las personas las que desarrollamos y aplicamos nuestras
habilidades, las que comprometemos nuestras emociones y nos
involucramos. Sin personas no hay empresas, organizaciones, sociedad. Y
muchas veces perdemos de vista esta realidad
incuestionable.
Pues
bien, ahora parece que hay que hablar del talento, como si fuese un
concepto nuevo que merece la pena destacar haciendo abstracción de todo
lo demás. En realidad llevamos muchos años hablando del talento y
asumiendo que el reto fundamental de toda organización pasa por
detectar, desarrollar, atraer y retener el talento. Un talento
íntimamente ligado a la consideración del conocimiento como el eje de
toda organización innovadora. De ahí, que la preocupación por ser
competitivos y progresar ha llegado a plantear para el futuro un
escenario en el que la “guerra por el talento” determinará quienes
serán vencedores y quienes vencidos.
A lo
largo de la historia han aparecido personas de indudable talento:
Leonardo da Vinci, Séneca, Arisóteles, Copérnico, Galileo, Heráclito,
Demóstenes, Platón, etc. son ejemplos de talento. También grandes
artistas como Miguel Ángel, Velázquez, Picasso, Dalí, Chillida… Grandes
científicos, escritores, cantantes de ópera, cocineros, deportistas,
empresarios, políticos… Y por qué no, payasos, domadores de fieras,
levantadores de piedras… Todavía más, hay personas con talento para
comer el que más, para aguantar sin respirar, y cosas todavía más raras
e incluso inapropiadas. Por último, nos guste o no, tenemos que
reconocer un tipo de talento en los dictadores como Hitler, o en
guerreros como Atila…
Así que
no es cuestión menor que cuando hablamos de talento pensemos en qué
tipo de talento estamos considerando y, sobre todo, al servicio de qué
ponemos ese talento.
Situando
el talento al servicio de la innovación sostenible y competitiva, en
tanto que aporta valor, creo que hay seis tipos de capacidades o
talentos que deberíamos cultivar: talento para comportarse, que tiene
que ver con los valores; talento para utilizar, usar herramientas, que
tiene que ver con la tecnología; talento para pensar, que tiene que ver
con el conocimiento; talento para colaborar, que tiene que ver con la
cooperación; talento para llegar a tiempo, que tiene que ver con la
velocidad; y talento para dirigir, que tiene que ver con el
liderazgo.
Si la
importancia del talento está fuera de toda duda, la siguiente cuestión
es conocer cómo podemos hacer que el talento crezca al servicio del
progreso en un espacio territorial determinado. Porque a pesar de la
creciente importancia de los espacios virtuales, los espacios físicos
son los lugares en los que las personas viven y desarrollan sus
capacidades. Que lo hagan en un sitio o en otro, en una organización o
en otra no es cuestión baladí.
El reto
fundamental con el que nos enfrentamos es el de articular un espacio
físico, que se completará con su espacio virtual de relaciones, en el
que el talento tenga las mejores condiciones para nacer y
desarrollarse, crecer y salir fuera, volver junto con otros, llegar y
quedarse, fluir y depositarse. El lugar por el que fluye el talento y
se siente cómodo para crecer es un lugar de
progreso.
La
cuestión que realmente debemos afrontar no se refiere a la disyuntiva
de atraer talentos o movilizar activos y conocimientos locales. No se
trata de elegir entre dos estrategias que aparecen como alternativas,
pues la única respuesta posible pasa por sumar las dos líneas en una
estrategia común. El talento es local y es universal, si es que
queremos que sea útil para el progreso. Necesitamos atraer talento y
activar el talento que ya tenemos, haciendo que fluya de manera
permanente para hacerlo crecer.
Construir
el espacio del talento es la clave y ahí aparece la ciudad como el
lugar por excelencia para que las cosas pasen. La ciudad, o mejor
la región urbana, como un espacio físico en el que proyectar los
principios inspiradores, construir los factores clave para el
desarrollo del talento y ubicar los espacios que harán posible su
atracción, identificación y desarrollo. Creo que es la mejor referencia
de dimensión espacial para lograr la adecuada densidad de diversidad,
que permita ser puesta en valor de manera más eficiente para hacer de
ese espacio un sistema de innovación sostenible y
competitivo.
